–¡Ya está! ¡Debo haberlos perdido! –expiraba, tan exhausto que apenas si podía hablar. –Discúlpame la interrupción, pero, ¿de quién huyes? Al voltearse Manuel vio a un flacucho sobre una roca. –De...
–¡Ya está! ¡Debo haberlos perdido! –expiraba, tan exhausto que apenas si podía hablar. –Discúlpame la interrupción, pero, ¿de quién huyes? Al voltearse Manuel vio a un flacucho sobre una roca. –De...