08/08/2026
Publicado en
Diario de Navarra, El Correo, El Diario Vasco, El Diario Montañés y El Heraldo de Aragón
Paloma Pérez-Ilzarbe |
Profesora Titular del Departamento de Filosofía
El próximo 12 de agosto podrá verse desde Navarra un eclipse total de sol. La gente de ciencia sabe predecirlo, y anuncian su comienzo y su final con una precisión de segundos. La historia nos cuenta que hace veintiséis siglos, en 585 a. C., el filósofo jonio Tales de Mileto se hizo famoso por predecir con acierto (aunque con menos precisión) otro eclipse total. Basó su cálculo en los registros de observaciones que había tomado de la astronomía babilónica: desde hacía varios siglos, quienes se dedicaban a observar el cielo no lo “miraban” sin más, sino que, anotando y organizando los datos, llegaron a reconocer patrones que permitían la predicción.
Este tipo de saber fue uno de los grandes logros de la inteligencia humana, y tenía algo en común con lo que ahora llamamos “ciencia experimental”: su enorme potencia para el control del mundo natural. Era, sin embargo, un saber puramente predictivo: no iba acompañado de la pregunta “¿por qué?”. Pero fueron también los filósofos naturalistas jonios (Tales, entre ellos) quienes buscaron un saber más allá de la predicción. Pensaban que el mundo natural se podía además comprender racionalmente: ¿qué es el eclipse, por qué se produce? ¿Es un apagarse, un taparse, un girarse la luz del sol? Este segundo tipo de saber (que se obtiene investigando las causas) fue otro grandísimo logro de la inteligencia humana, y también tenía algo en común con la ciencia experimental moderna: la búsqueda sistemática de explicación.
El saber predictivo y el saber explicativo se desarrollaron durante siglos de forma separada. En el estudio del cielo, se avanzó por un lado en la construcción de un modelo teórico (comprensivo) de los movimentos de los astros. La escuela pitagórica había enseñado que el mundo tenía una estructura matemática y bajo este supuesto se aplicó la geometría a la comprensión del cosmos, postulando una combinación de formas simples y movimientos armónicos para explicar sus fenómenos. La hipótesis de que el oscurecimiento del sol podía deberse a la interposición de la luna (hipótesis que ya había sido lanzada por Tales) se hizo más plausible al integrarla dentro de un sistema de geometría celeste, donde los astros se movían en trayectorias circulares. La teoría matemática ayudó a desplegar las posibilidades, a pensar cómo (al combinarse sus movimientos) sol, luna y tierra podían quedar alineados. Con ello, el eclipse no es solo algo que se ve, que se registra, que se anticipa: el eclipse ahora se comprende.
Este modelo teórico inspiró la cosmología de Aristóteles, que durante siglos fue el núcleo de la comprensión europea del universo: una esfera terrestre inmóvil y a su alrededor todo un sistema de esferas “cristalinas” que iban arrastrando en sus movimientos a los cuerpos celestes. Pero, al mismo tiempo, la astronomía predictiva aprovechó el modelo matemático inicial para ir complicándolo con nuevas esferas y giros, de modo que pudiera dar cuenta con mayor ajuste de los movimientos (algo erráticos) de los planetas. El sabio alejandrino Ptolomeo propuso, ya en el siglo segundo de nuestra era, la forma estándar de este sistema celeste, que se mantuvo con bastante éxito predictivo hasta el siglo XVI (mientras que, en cambio, el modelo heliocéntrico propuesto en el siglo III a. C. no consiguió ese mismo triunfo).
Lo que ocurrió entre los siglos XVI y XVII fue, finalmente, otro tremendo logro de la inteligencia humana: el nacimiento de la ciencia experimental moderna. El gran paso de la llamada “revolución científica”, que comenzó con la superación de la astronomía geocéntrica, no consistió en corregir los errores del pasado (la tierra en el centro, las esferas cristalinas, los movimientos circulares), sino más bien en encontrar un método con el que se empezó a construir con éxito un nuevo tipo de saber, una ciencia en la que se unificaron asombrosamente el poder predictivo y la capacidad explicativa de los saberes antiguos. La ciencia, por supuesto, no es infalible (ni sus productos son siempre útiles o buenos), pero la combinación de estos dos elementos (construcción de hipótesis teóricas y contrastación mediante predicciones observables) da como resultado un conocimiento cada vez más sólido y fiable. ¿Qué es un eclipse? ¿Cuándo se verá de nuevo un eclipse total? Tales de Mileto fue un gran sabio, pero ahora sabemos más.