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Alejandro Pulido presenta en la Universidad su libro “Neutralidad en pie de guerra. El País Vasco y Navarra ante la Primera Guerra Mundial (1914-1918)”

La obra es fruto de su tesis doctoral


FotoManuel Castells/Imagen de Alejandro Pulido en la Universidad de Navarra

07 | 06 | 2021

De la mano de la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca, el pasado 4 junio tuvo lugar la presentación en la Universidad del libro de Alejandro Pulido, Neutralidad en pie de guerra. El País Vasco y Navarra ante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), publicado por la editorial Sílex.

El autor, graduado en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras, donde también fue alumno de la citada Cátedra, y doctor por la Universidad del País Vasco, ofreció en primicia una síntesis de la obra, fruto de su tesis doctoral. 

En su intervención, comenzó subrayando la oportunidad del tema, del que apenas se tenían noticias dispersas y muy generales, y su importancia histórica por la gran influencia del conflicto europeo en el área vasco-navarra, dada su fachada atlántica y su condición fronteriza con Francia. Sin duda, aquella fue una guerra total que impregnó por completo la vida local en sus más diversos aspectos. Generó, como en todas partes, una encendida “guerra de ideas”. Las izquierdas vascas apoyaron al bando aliado, en tanto que entre las derechas católicas hubo división de posturas: el maurismo defendió la neutralidad; el carlismo, por el contrario, fue firme partidario del bloque germánico, aunque acabó viviendo la escisión mellista a cuenta del conflicto; en tanto que en el PNV la guerra sacó a la luz la tensión entre radicales y posibilistas, acentuándose el interés por un escenario internacional que, tras la victoria aliada, reforzaría la presencia e identidad de los pueblos.

Más allá del impacto en la política local, hubo también una implicación mucho más directa en la Gran Guerra, que tuvo su vertiente militar más destacada en la configuración de redes de espionaje y asimismo en todo el movimiento que se generó en torno a la frontera, ya fuera por la intensa actividad del contrabando, ya por el abierto recibimiento a los desertores vasco-franceses, a los que unían lazos culturales y familiares, ya por la recluta de voluntarios, hasta un total de 300 soldados vasco-navarros, que habrían de tener una actuación destacada en el conflicto. 

La guerra, por último, irrumpió de lleno en la vida cotidiana: impulsó una importante movilización católica humanitaria presente en romerías y colectas; contribuyó a la modernización de la prensa y del mundo del ocio; pero, sobre todo, provocó una notable crisis de subsistencias, con su corolario de penurias y descontento, que tuvo en la zona vasco-navarra un tímido reflejo de los sucesos revolucionarios de 1917.