Cuando el tiempo solidario no se puede detener

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REPORTAJE
Todos tienen un denominador común: les conmueve el hecho de ayudar. Con motivo del Día Mundial de las ONG trazamos el panorama solidario de unos alumnos y profesionales que luchan por un mundo cada vez más justo empujados por Tantaka. Sin ir más lejos, la universidad colabora con 118 organizaciones y tiene cifradas en 1086 las personas que destinan parte de su tiempo en beneficio de los demás. Josean Pérez y Natalia Celis

Los hay de todas las Facultades. Y su espíritu solidario se extiende de extremo a extremo del campus de Pamplona, pasando por San Sebastián y Madrid. La Universidad, a través de Tantaka, banco de tiempo solidario, sigue moviendo el reloj para que la solidaridad no se detenga. En el caso de María Álvarez Candela (2º Economics, Leadership and Governance) ese reloj se activó cuando tenía 13 años y el año pasado le volvió a dar cuerda. “Se nos planteó el reto como parte de una asignatura de montar una actividad que tuviera repercusión e impacto social”, apunta. Y la puso en marcha. La tarea: apoyar a niños en riesgo de exclusión social con dificultades académicas y en el hogar. Esta dedicación hace que María trate de buscar la alegría en las pequeñas cosas, “vivir más plenamente y más abierta a respetar y querer a los demás”. 


Hay muchísimas manera de ayudar a los demás. Pero, sin duda, colaborar con una ONG es una buena forma".
Alejandro Iribas
(3º ISSA)


También con niños se desenvuelven Pilar Mercadal (2º ADE Bilingüe) y María Vila (3º de Periodismo + Programa Internacional de Comunicación de Moda). “Hago voluntariado dos veces por semana en una parroquia de la Rochapea, en Pamplona, ayudando a los pequeños de Primaria con sus deberes”, subraya Pilar. En el caso de María, también estuvo ayudando en tareas escolares a jóvenes de entre 6 y 17 años y el año pasado su instinto solidario le llevó hasta la ciudad de Cebú (Filipinas). “Hacía tutorías a niños de las montañas, iba a dos orfanatos de la ciudad y colaboraba los sábados en un comedor social”, añade. Su principio es claro: “Todo el mundo debería tener al menos una experiencia como la de colaborar con una ONG. No sabes lo enriquecedor que llega a ser hasta que te ves en ello”.

 

 

María Vila (3º de Periodismo + Programa Internacional de Comunicación de Moda)
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Álex Pérez (2º Bioquímica + International Science Program)

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El interés por la persona

   Ángel Martos, a la derecha (2º Relaciones
   Internacionales)
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Todos los sábados, Marina Gaspar (3º Enfermería + International Nursing Program) se calza las zapatillas, coge el balón y se va a la pista de baloncesto del barrio de San Jorge, en Pamplona. Que entre o no el balón en la canasta, es lo de menos. Cada pase, suma. Y también cada gesto. En el proyecto “Baloncesto para hijos de inmigrantes” lo fundamental es que los niños formen un equipo, “desconecten de todo lo que les ha podido pasar a lo largo de la semana y disfruten del juego y sus amigos”. Marina apostó por el voluntariado nada más aterrizar en la Universidad por un simple motivo: “Siempre me he interesado por las personas y me gusta cuidar de ellas”.

El reloj de Virginia Orrillo (3º Doble Grado en Farmacia y Nutrición Humana y Dietética) comenzó a girar en modo solidario cuando tenía 16 años. Desde entonces, la Asociación de la Parálisis Cerebral (ASPACE) es como su segunda casa. Allí ha crecido, ha aprendido y sigue aprendiendo. “Con el paso del tiempo me doy cuenta de lo que me ha servido en mi crecimiento personal. Mientras pienso que estoy ayudando, realmente son ellos los que te están ayudando a ser mejor, más feliz y salir de tu zona de confort”.

Algo parecido le ocurre a Luciana Rosell (2º Magisterio en Educación Infantil), que todos los jueves del año, haga frío o calor, realiza juegos didácticos en un colegio de otro barrio pamplonés. Hacer voluntariado le ayudado a organizarse mejor, a dejar de pensar en sí misma para “dar a otras personas algo tan valioso como es el tiempo”. Y siempre con su mejor sonrisa. La que los niños le sacan y le permite “ver la inocencia que queda en el mundo”.


Ayudar desde el otro lado

Cosme Velasco (4º Medicina) empezó a colaborar con ONG´s a raíz de participar en un voluntariado. “Era algo que me ayudaba a estar más pendiente de los demás”, señala. Esa vena solidaria le llevó hasta Honduras a participar en un proyecto internacional y su labor en este momento es informar a la gente de la facultad sobre las actividades y voluntariados que se realizan. A casi 9.000 kilómetros, Ángel Martos (2º Relaciones Internacionales) comprobó que en Costa de Marfil también había mucho trabajo que hacer: “Ayudé tanto en materia de elaboración de proyectos como en otros ámbitos meramente prácticos”. Así, por ejemplo, haciendo reconocimientos médicos a los niños que vivían en las aldeas pudo conocer de primera mano ese mundo paralelo a la vez que aportaba su granito de arena. Lo mismo que Álex Pérez (2º Bioquímica), que pone su atención en “ayudar a personas vulnerables” a través de la “gran labor” que realizan las ONG´s.


Todo el mundo debería tener al menos una experiencia como la de colaborar con una ONG. No sabes lo enriquecedor que llega a ser hasta que te ves en ello”.
María Vila
(3º de Periodismo + Programa Internacional de Comunicación de Moda)

  Pilar Mercadal (2º ADE Bilingüe)
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ONG´s como Manos Unidas, en la que Alejandro Iribas (3º ISSA) lleva colaborando desde el año pasado. Lo que fueron unas prácticas en la delegación central, ha pasado a ser una ayuda constante en su delegación de Pamplona. Planificar, organizar y promocionar la labor de esta organización es su cometido. “Hay muchísimas manera de ayudar a los demás. Pero, sin duda, colaborar con una ONG es una buena forma; estamos ayudando a quienes se dedican a ayudar a los demás. Siempre se necesita gente para poder llevar a cabo la misión de ayudar a los países en desarrollo”, afirma.

Desde el otro lado del pupitre, Carmen Monasterio (profesora de la Escuela de Arquitectura) coordina al grupo de voluntarios Tantaka Arquitectura. “Hemos tratado de poner al servicio de la sociedad lo que en la Escuela de Arquitectura sabemos hacer. De este modo, nos ofrecimos primero a Cáritas y colaboramos con ellos. Y esta última temporada, desde la asociación Nuevo Futuro nos propusieron ayudar”, indica. Su labor es acondicionar los hogares de donde viven niños de entre 8 y 18 años con una vida muy dura: “Pintamos paredes y puertas, mejoramos la iluminación de las viviendas, cambiamos muebles. Además, los estudiantes pintan cuadros que, con un marco sencillo, sirven para decorar los pisos. El trabajo, como indica Carmen, “es bueno para los niños y es todavía mejor para quienes prestamos ese servicio. A todos nos ayuda mucho”.

En la Escuela de Ingenieros TECNUN, la profesora Marta Ormazabal da apoyo escolar a niños con escasos recursos en la ONG Hazi eta Ikasi. “Es muy gratificante ver cómo van avanzando y madurando en su etapa escolar. Hay mucha gente que nos necesita y aportando un poco de nuestro tiempo podemos ayudar mucho”, señala. Del mismo pensamiento es Inma Hita, secretaria de la Facultad de Filosofía y Letras. Desde hace 6 años el departamento en el que trabaja integra a alumnos con necesidades especiales. “Son personas muy valiosas que nos abren los ojos y nos ayudan a ser generosos”, indica. Además, su colaboración con ONG es una constante formando a jóvenes y mayores, bien sea en Cáritas o en las parroquias. “Me cuesta mucho decir un no cuando alguien me pide ayuda. Me hace muy feliz darme a los demás”, concluye.

María, Pilar, Marina, Virginia, Luciana, Cosme, Ángel, Álex, Alejandro, Carmen, Marta e Inma son el ejemplo de que las manijas de ese reloj solidario no paran.