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Universidad de Navarra

 

"Yo a la Universidad la quiero como lo que es para mí: mi segunda madre"


 

 
  

 ▲ Pilar Sesma.  
  AUTOR: Manuel Castells

María Pilar Sesma Egózcue (Pamplona, 1950), licenciada y doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Navarra, es la catedrática más joven de España en su área (Biología Celular) y la primera alumna navarra de la Universidad de Navarra que obtuvo una cátedra universitaria. Fue decana de la Facultad de Ciencias entre 1990 y 2005.

- ¿Cómo recuerda su primer día como profesional en la Universidad?

No sabría ni decir qué día era porque empecé la carrera, entré en el departamento de alumna interna, me quedé haciendo la tesis; y cuando la terminé, me nombraron profesor adjunto. Fue algo sin solución de continuidad. 

- Sí que tiene un recuerdo muy especial de su primer día como alumna

Mi primer día en la Universidad no se me olvidará nunca. Teníamos clase a las cuatro de la tarde en el Aula Magna de Ciencias, que estaba en lo que ahora son el aula 2 y 3. Entonces era un aula muy grande, con un estrado muy alto y una cabida de 250 personas; era un aula muy bonita, de madera. De nuestra clase del Instituto Príncipe de Viana, estábamos siete y a todas nos gustaban las primeras filas porque si no, no te enteras. La primera clase nos la dio don Álvaro del Amo, que luego supimos que era el decano. Era el profesor de Biología General. Hay que tener en cuenta que entonces se fumaba en todos los sitios: en las aulas, en la biblioteca, en los exámenes... El aula estaba llena de humo, había colillas en el suelo… D. Álvaro del Amo era asmático: nada más empezar a hablar nos dimos cuenta de que se ahoga. A los cinco o seis minutos se interrumpió para decirnos: "Sería muy conveniente que todos nos empeñáramos en no tirar las colillas al suelo sino a los ceniceros para no dar más trabajo del necesario a las señoras de la limpieza, que vienen y hacen un trabajo muy sacrificado y son tan Universidad de Navarra como ustedes y como yo". A mí eso me dejó fundida, porque no pidió nada para él.

- ¿En la Universidad se sigue viendo ese espíritu? 

Sí, y estoy convencida de que es por una gracia especialísima del cielo. Una cosa que caracteriza a esta Universidad es ese espíritu de familia

Me acuerdo, también, de la primera vez que vino el beato Álvaro del Portillo como Gran Canciller al Polideportivo. Hubo muchas preguntas, pero si no recuerdo mal, la primera o la segunda, la hizo Fernando López-Jacoiste, el primer alumno de la Universidad. Le preguntó cómo mantener el espíritu del principio, cuando la Universidad era pequeña, entonces, que ya había crecido mucho y ya no nos conocíamos todos. Don Álvaro, sin pensarlo ni un momento, le dijo: "Si realmente os queréis, la Universidad de Navarra será siempre una familia como al principio".

Pilar Sesma hace balance de los años vividos en la Universidad y explica qué ha supuesto para ella recibir la Medalla de Oro. 
AUTOR: Raquel Arilla

- ¿Qué significa la Universidad de Navarra para usted?

Yo a la Universidad la quiero como lo que es para mí: mi segunda madre. Con el entorno familiar que yo tenía, maravilloso, pero económicamente más que precario, la Universidad me facilitó todo: me dio becas, me permitió hacer una carrera, me formó hasta llegar a ser catedrática y me acogió después.

En la Universidad me encuentro en mi casa. Esté donde esté. Voy a la Clínica y es mi casa, voy al CIMA y es mi casa, voy al Central y es mi casa, voy a San Sebastián, al CEIT, y estoy encantada porque es mi casa. No he ido nunca al IESE, pero iré y estaré en mi casa. Aunque esté jubilada, vengo a la Universidad y estoy en mi casa, y si me encuentro a una persona de la Universidad fuera, me encuentro a alguien de mi familia. Así la siento.

- Fue la catedrática más joven de España en su área y la primera alumna navarra de la Universidad que obtuvo una cátedra universitaria. ¿Se ha sentido pionera?

No, en absoluto. Para mí los pioneros fueron los primeros: don Ismael, don Francisco Ponz, don Eduardo Ortiz de Landázuri, don Jesús Vázquez...

Fueron pioneros porque vinieron y empezaron de la nada. Y desde el principio formaron grupos de investigación, formaron docentes. Con muchísimo trabajo, porque había poca gente y tenían que hacer algo tan grandioso como la Universidad de Navarra.

Al sacar la cátedra sentí una alegría tremenda y un agradecimiento grandísimo por todo el apoyo que había recibido. Entendí que tenía que trabajar para que otras personas pudieran llegar a eso o a más.

- Fue decana de la Facultad de Ciencias durante 15 años (1990-2005), ¿cuál considera su legado en esa época?

En aquel entonces, se produjo el primer gran cambio de los planes de estudios. Esa ha sido una parcela en la que pudimos contribuir. La Facultad pasó, además, de impartir solo la Licenciatura en Ciencias Biológicas, que así se llamaba, a impartir Biología, Bioquímica, Química y Nutrición Humana y Dietética, que durante 15 años estuvo adscrita a la Facultad de Ciencias. Así que nos tocó modificar todos esos planes, y varias veces por reformas posteriores. Eran unos planes que determinaban perfectamente los créditos prácticos y teóricos de cada asignatura. Fue un reto porque las prácticas cobraban una relevancia especial al estar distinguidas de la parte teórica.

Otro reto importante fue todo iniciar la internacionalización. Los inicios de Erasmus los comenzó Rafael Jordana, el decano anterior. A nosotros nos tocó implantarlos, desarrollarlos, viajar bastante para buscar contactos.

En otro orden de cosas, también Rafael Jordana nos dejó el legado del Museo de Ciencias Naturales. Él realizó todas las gestiones, y nosotros fuimos poniéndole patas.

También el CIMA fue para la Facultad un reto muy importante porque la investigación biomédica requería biólogos, bioquímicos y químicos muy bien formados. El esfuerzo de la Facultad fue muy grande, en el diseño y rediseño de los planes docentes de la parte biomédica para dar fruto a algo que era un deseo expresísimo del entonces Gran Canciller, que impulsó la investigación, don Álvaro del Portillo.

- Durante 5 años fue adjunta al Vicerrectorado de Profesorado, ¿cuáles fueron los mayores retos con los que se encontró?

No tuve retos personales, ni siquiera de Facultad. Desde el principio tuve clarísimo que había sido nombrada adjunta a la vicerrectora Concepción Naval para impulsar los retos del Rectorado. Si en una facultad ves con nitidez que el gobierno de la Universidad de Navarra es colegial, cuando pisas el Rectorado eso lo verificas de una manera increíble. Me tocó hacer muchas cosas, no solamente de Profesorado.

El gran reto del Rectorado y del Vicerrectorado de Profesorado, y que, por tanto yo asumí, fue la elaboración de la nueva normativa de profesorado. La que existía estaba obsoleta, porque había que ponerla en correlación con el marco jurídico actual, Bolonia y el sistema de acreditaciones del profesorado. Y encajarlo dentro de la Universidad de Navarra. El reto no era fácil. Trabajamos una comisión durante mucho tiempo.

- ¿Cómo ha visto en estos 40 años la integración de la Universidad de Navarra en Pamplona?

La Universidad de Navarra no vino para ser Universidad en Navarra, sino Universidad de Navarra. Integración ha habido desde siempre. Aunque no cabe duda de que se ha ido incrementando. De mi barrio de San Pedro empezamos la carrera dos, y ahora, vayas donde vayas, te encuentras con gente que ha estudiado aquí.  La Universidad siempre ha estado volcada en una tarea de servicio. Pienso, por ejemplo, en los cursos de actualización que la Facultad ha impartido desde el principio a profesores de Bachillerato.

Desde el ámbito de Ciencias, también, el Museo de Ciencias ha impulsado esta integración con Navarra. Aquí, además de muchos expertos internacionales, vienen niños de muchos colegios, asociaciones de amas de casa, jubilados…

Y ahora el Museo Universidad de Navarra, es evidente que es otro instrumento muy grande de integración con la ciudad.

Y pienso también en el voluntariado universitario. UAS, que empezó en la Facultad, entendió, desde el principio, que ese voluntariado tenía que estar dirigido a la gente de Pamplona que tuviera diferentes necesidades: enfermos de hospitales, niños a los que prestar apoyo escolar, pobres,... Y no digamos nada de la maravilla de Tantaka, que a quién beneficia es a Pamplona y Navarra.

- ¿Qué destacaría de la Universidad de Navarra y en qué ha de mejorar?

Puede haber muchos retos, pero hay que desarrollarlos volviendo a la esencia. Si yo tuviera que resaltar algunas características propias de esta universidad, que además, lo ve todo el mundo que viene con ojos abiertos, una es la unidad. En más de una ocasión he escuchado decir a José María Bastero, uno de los rectores anteriores, que el sello de calidad de la Universidad de Navarra es la unidad. Se pueden hacer muchas cosas, impulsar otras... pero todo tiene que tener el sello de calidad, que es la unidad, porque si no fracasaría.

Insistiría también en el espíritu de familia, porque es otro distintivo de la Universidad.

Y otra cosa que es, a mi modo de ver, bastante mejorable, es el modo en que cuidamos y hablamos de los primeros. No puede ser que un alumno de Medicina no conozca a don Eduardo Ortiz de Landázuri o a don Juan Jiménez Vargas, o que un alumno de Ciencias no sepa quien fue don Álvaro del Amo.  Tenemos sus cuadros en los decanatos, pero hay que sacar fuera esos retratos. Tenemos que vivificar un poco la memoria histórica de nuestra Universidad.

- ¿Qué supone para usted recibir la Medalla de Oro?

Pasada la primera emoción, han quedado dos sentimientos: uno, desde luego, de agradecimiento profundísimo. Lo que yo le haya podido dar a la Universidad es nada comparado con lo que a mí me ha dado.

El segundo sentimiento es de una cierta responsabilidad, de un deber, que ahora de jubilada tiene otras facetas. El deber de seguir queriéndola a tope; de defenderla, si hay que hacerlo; y, desde luego, de rezar. Porque la Universidad sale adelante con esfuerzo, con trabajo... y rezando.

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