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"Tener un Rothko está muy bien pero muchos museos tienen uno. Sin embargo, una colección fotográfica como ésta
es más difícil de encontrar"
 

 
  

 ▲ Javier Ortiz-Echagüe.  
  AUTOR: Manuel Castells

Javier Ortiz-Echagüe es licenciado en Historia del Arte y doctor en Ciencias de la Información por la por la Universidad Complutense de Madrid, ha impartido clases en la Universidad de Castilla la Mancha (Facultad de Bellas Artes de Cuenca) y en la Carlos III de Madrid, y ha sido investigador visitante en la Université de Provence y ne la New York University. Actualmente es conservador de la colección del Museo Universidad de Navarra y dirige el proyecto Tender Puentes. También es profesor en la misma Universidad.

 

¿De dónde proceden las fotografías del fondo?

El fondo empieza con el legado de José Ortiz-Echagüe. Uno de sus hijos, César, daba clase en la Escuela de Arquitectura así que tenía una relación estrecha con la Universidad, así que fue él quien donó el legado a la Universidad. Durante los primeros años era lo único que existía y se comenzó a trabajar en la clasificación y documentación y se puso a disposición de los investigadores.

En 1998 se hizo una exposición antológica de la obra de Ortiz-Echagüe en el Museo Reina Sofía de Madrid y en el de Arte de Cataluña entre otros, el hecho de que la figura y la obra de Ortiz-Echagüe interesasen en museos nacionales es un hito, y su obra se revalorizó y se comenzó a pensar qué hacer con su legado.

Fue entonces cuando el fondo comenzó a crecer con obras de otros autores. En los años 90 la fotografía histórica no era algo muy valorado y era posible comprar muchas obras por precios asequibles, hoy imposibles. Los comisarios de la exposición del 98, Valentín Vallhonrat y Rafael Levenfeld, plantearon a la Universidad un proyecto  para continuar recopilando fotografías. Se adquieren nuevas obras, del siglo XIX, sobre todo, de viajeros franceses y británicos. Más adelante se unieron otros dos legados, el de Juan Dolcet y el de Rafael Sanz Lobato.

El legado de Echagüe son 1.200 obras, sin contar negativos. Ahora mismo en la colección hay unas 15.000 más o menos, así que el fondo originario consiste tan solo en un 10% de lo que hay.
 

¿Cómo se conservan las fotografías para que no se deterioren con el paso del tiempo?

Lo más recomendable  es la conservación preventiva, es decir, poner las obras en unas circunstancias en las que se dañen lo menos posible. Las constantes recomendadas y que se tienen ahora en el fondo son 18ªC de temperatura y 45-50% de humedad. También es importante que no estén expuestas y que sean manejadas de forma adecuada.
 

¿Qué es lo más reseñable dentro del fondo fotográfico para usted?

Lo más emblemático y representativo es el legado de Ortiz-Echagüe, porque está el legado completo y además se trata de un personaje muy importante históricamente. Creo que es lo que puede marcar la diferencia con otros museos, porque tener un Rothko está muy bien pero muchos museos tienen uno, sin embargo una colección fotográfica como ésta es más difícil de encontrar.
 

¿Qué porcentaje del fondo fotográfico está expuesto?

En la programación hay mucha presencia de proyectos de “Tender Puentes”,  y se exponen las obras que los inspiran. En total sería unas cuatro. Cuatro de 15.000.  Podría parecer poco pero la colección de fotografía tiene una gran protagonismo en el Museo a través de las exposiciones, pues genera las de fotografía.

El fondo de fotografía es de temática histórica, donde lo más importante es el siglo XIX, pero está comisariado por fotógrafos, hay autores actuales y está enmarcado en el contexto universitario, por lo que convertir esto en algo solamente arqueológico se quedaba corto. No se trata de recabar solo la información y las fotografías, sino que al final sirve para explicarnos a nosotros mismos y hablar de cómo es la obra actual.
 

¿Entonces surge “Tender Puentes”?

Así es. El interés era crear algo contemporáneo. Comprar obra contemporánea a golpe de talonario no era viable económicamente y tampoco estaba claro si tenía sentido. Así que se planteó este proyecto que tuvo la iniciativa de invitar a fotógrafos actuales para trabajar  a partir de la colección. La idea era que se generaran proyectos contemporáneos en diálogo con la colección histórica, así la colección se iluminaba a través de la obra contemporánea. La intención era y es que la obra se reinterpretase de un modo artístico, no académico.
 

¿El autor elige la obra en la que va a inspirarse o el Museo se la da?

El Museo propone un trabajo, pero luego siempre surgen ideas y enfoques imprevistos. Se buscan autores con una relativa trayectoria, que no sean nobeles pero tampoco consagrados; que tengan capacidad para emprender proyectos de esta envergadura  y que por su modo de trabajar tengan cierta sintonía con un proyecto como este.  Tender Puentes crea una dinámica de trabajo, da una base, pero luego el autor lo sigue desarrollando. Por razones prácticas y económicas el Museo solo posee uno de los proyectos, el originario de Tender Puentes en cada caso.
 

¿Cuántos proyectos hay al año?

Más o menos dos, pero como el Museo se inauguró el año pasado las circunstancias han cambiado de modo brutal. Todo lo producido desde 2002 se almacenaba en el fondo, con exposiciones esporádicas, pero ahora  hay un lugar de exposición y el proyecto se mezcla con la programación del Museo.
 

¿Cómo es la acogida de los proyectos entre el público?

Es complicado saberlo porque se mezcla con la acogida del Museo en general. Por otro lado, Tender Puentes de 2002 a 2012 ha estado en un sótano, se ha expuesto en alguna ocasión, pero sin un lugar de exposición permanente hasta la construcción del Museo, así que no se puede ver con perspectiva. De todas formas, están ocurriendo cosas que nunca habían ocurrido en Pamplona, se llega a un público muy amplio que da visibilidad al proyecto y le da sentido.
 

¿Cuál es la importancia de Tender Puentes para promover el conocimiento de las obras del Fondo Fotográfico?

La idea es que se generen, como lo llamó Carles Garra, artista y crítico de arte, “dispositivos documentales” donde se unan textos, con fotografías antiguas y moderna. Hay mucha información en diferentes soportes y formatos, con características sensoriales distintas, pero todo eso junto construye un relato con sentido. No se genera un trabajo académico con citas a pie de página, se crea un proyecto que habla de historia, de sociología, pero con un cambio de paradigma, en un contexto histórico. El museo te da un conocimiento de cosas palpables, la universidad te da un conocimiento de ideas y teorías. Aquí, en el campus, tenemos la oportunidad de juntar las dos cosas.
 

¿Cómo ha sido la primera toma de contacto entre estos dos mundos?

Se trata de un proyecto a largo plazo. Hay que ir viendo como hacerlo, ir trabajando, ir enseñando… Es una oportunidad muy bonita.