Skip to Content
Universidad de Navarra

Image Map

Doctorado en Amberes con parada en Palermo

 

El pamplonés Pablo Reclusa, tras terminar el Grado en Bioquímica y el Máster en Investigación Biomédica en el CIMA, obtuvo una beca para realizar sus estudios de doctorado en el extranjero

 

El tren de las oportunidades solo pasa una vez en la vida. Puede que llegue inesperadamente, sin ser llamado, pero hay que decidir si estamos o no preparados. El pamplonés Pablo Reclusa no dejó escapar el suyo. Tras haber terminado el Grado en Bioquímica en 2014 y el Máster en Investigación Biomédica con la especialidad de Cáncer en 2015, Pablo ha comenzado el doctorado. Ha pasado los tres primeros meses en Palermo, Italia, y continua los próximos tres años en Amberes, Bélgica.

Pablo comenzó la carrera de Biología en 2010, pero en segundo curso se cambió a Bioquímica. Tras finalizar sus estudios realizó el Máster en el CIMA, fue entonces cuando se le presentó una gran oportunidad. "Cuando terminé el máster, mi jefe me dijo que había una oferta predoctoral en la Universidad de estudios de Palermo y que habían pensado en mí. No me lo pensé dos veces, le dije que estaba interesado porque tengo una nota muy bajita, comparada con lo que suelen pedir, e iba a ser muy difícil adquirir una beca normal si entraba en concurso con toda España, como ocurre por ejemplo con las FPU (Formación del Profesorado Universitario)".

Después de obtener la beca, la cuenta atrás comenzó, quizá más rápido de lo que Pablo esperaba. "Fue todo caótico, literalmente. Yo pensaba que me iba a marchar en enero y más o menos me había organizado la vida hasta entonces. Pero, cuando me concedieron la beca, me preguntaron si podía empezar en noviembre. Querían que fuera primero tres meses a Italia y luego continuara en Bélgica". En tan solo dos semanas, Pablo empezó a prepararlo todo. Tuvo que despedirse de los suyos y también de muchas de sus grandes pasiones: "Estaba metido en la obra de Hamlet, en un concurso de karaoke, en el coro, en la catequesis, y tuve que dejarlo".

El hecho de que Pablo comenzase esta experiencia en Palermo tiene una razón y es que su beca, como la gran mayoría, no ingresa la cantidad estipulada hasta que pasa un determinado tiempo. "El dinero de noviembre, diciembre y enero me lo darían a principios de febrero. Como Amberes es bastante más caro, dos o incluso tres veces más que Pamplona, mi jefe me recomendó primero ir a Palermo. Me dijo que al tener que costearme los tres primeros meses por mí mismo, era mejor hacerlo en un lugar más barato". 

  • La primera impresión

    Cuando su vida en el extranjero apenas acababa de empezar, Pablo ya tenía una cosa clara, y es que Palermo no era la ciudad de sus sueños. "La verdad es que tenía ganas de irme a Bélgica porque Palermo no me gustaba mucho – dice entre risas –. La ciudad es un absoluto caos.

    Por ejemplo, la Via Roma, una de las calles principales de Palermo, está bastante transitada, pero es muy estrecha. Solo cabe un coche y medio. Un día iban los carabinieri (policía italiana) por un lado y por el otro un 600 antiguo, detrás de este había otro coche que le adelantó a unos 80km/h por una calle de ciudad y los carabinieri no hicieron nada. ¡Imagínate! Es como si yo fuera a esa velocidad por una calle como la de Iturrama – dice entre carcajadas –. Lo que es impensable en España allí ocurre como algo normal, es el día a día". 

        ▲ Ayuntamiento de Palermo situado en la Piazza Pretoria. AUTOR: Pablo Reclusa  
     

     

  • La ciudad y el idioma

    Pablo destaca de Palermo el ruido. La precariedad de la ciudad y su aspecto antiguo hacen que todo esté muy mal insonorizado. "Es increíble lo ruidosa que es la ciudad. En las calles, al ser estrechas, cuando pasan los coches se produce una especie de eco. Cuando pasa un coche con la música a todo volumen parece como si la estuviera escuchando en mi cuarto. Y ya no te digo el claxon... En Palermo el idioma, aparte de ser el siciliano, es la bocina – dice riendo–, cuando iba por la calle la oía todo el día".

    En cuanto al idioma, Pablo reconoce la dificultad de entender el dialecto siciliano. "Poco a poco fui aprendiendo cómo pedir las cosas en la cafetería donde desayunaba todos los días, o en el mercado donde compraba la fruta. La verdad es que allí muy pocos dominan el inglés y a veces es complicada la comunicación". 

        Piazza Pretoria, conocida como Piazza della Vergogna (Plaza de la vergüenza). AUTOR: Pablo Reclusa  
     

     

  • El piso

    Pablo vivió en un apartamento de dos pisos con siete personas más, procedentes de distintos países: Dinamarca, Brasil, Estados Unidos y Letonia. "Con mis compañeros estaba muy a gusto, eran muy simpáticos. De hecho, cuando llegué al piso estuve pensando en mudarme al mes porque no me convencía nada el apartamento, pero al final me quedé porque estaba muy bien con mis compañeros y me compensaba".

    Las condiciones de los pisos en Palermo no son las mejores. Pablo recuerda cómo fue su búsqueda de apartamento en la ciudad y la describe como una completa vorágine. "Se me hace hasta surrealista pensar que el filtro de la página web para buscar piso ya no sea 'terraza o no terraza', '300 o 400m²', sino que si tiene lavadora o internet", señala. "En realidad me quejaba porque me gusta mucho vivir en Pamplona, porque lo comparaba todo con mi bonita ciudad verde, limpia, con aire fresco – suspira – la gente y… ¡todo! Pero me siento muy afortunado por haber vivido esta gran experiencia". 

        Vistas de Palermo desde la azotea del piso donde vivió Pablo. AUTOR: Pablo Reclusa  

     

  • El laboratorio

    Pablo era el doctorando más joven de su laboratorio en Palermo. "En Italia los doctorandos suelen ser más mayores, solo había uno de mi edad, pero todavía era un estudiante de grado que estaba de prácticas en el laboratorio". En cuanto al tema de su doctorado, Pablo investiga exosomas extraídos de biopsia líquida en el cáncer de páncreas; y en cuanto a sus compañeros, afirma que se sintió muy bien. "En el laboratorio me sentí muy cómodo. Hablaban conmigo en inglés, aunque realmente no lo utilizaban en las conversaciones normales que teníamos en la comida, por ejemplo, porque no tienen un control total sobre el idioma y a la hora de hablar de otras cosas prefieren el italiano. A veces me hubiese gustado opinar, pero tampoco quería meter el inglés con calzador en la conversación. Así que en las comidas solía estar un poco más callado, pero en general fue todo genial".  

        Pablo con sus compañeros de laboratorio de máster en el CIMA. AUTOR: Cedida por Pablo Reclusa  
     

     

  • Carpe diem

    La oportunidad llegó a la vida de Pablo sin llamar a la puerta, y él ha decidido aprovecharla. "Recuerdo que mi jefe me preguntó: ¿Te preocupa salir fuera? Yo le dije que no, que ese era mi momento. Sabía que, si no lo hacía ahora, quizás fuera más difícil hacerlo después. Cuando te haces mayor a veces ya no solo decides tú, dependes también de con quién estés: mujer, hijos, etc. Puede que las oportunidades sigan viniendo, pero que lo que tengas que dejar atrás sea mucho más. Ahora solo dejas a la familia y amigos, que ya es bastante, pero ellos siguen estando ahí, casi todos los días hablo con ellos".

    Pablo, actualmente, está pasando una estancia en Amberes, Bélgica, desde principios de febrero. 

▲ Pablo junto a un compañero de laboratorio en la Piazza San Domenico, Palermo. AUTOR: Pablo Reclusa

▲ Pablo Reclusa practicando una de sus aficiones, el karaoke. AUTOR: Cedida por Pablo Reclusa  

Notice

The University of Navarra uses cookies to improve its services, generate statistical data and analyze the browsing habits of visitors to its website. This information may be shared with third parties as detailed in the Cookies Policy Statement. By clicking “I agree” or continuing to browse, you consent to the use of these cookies, while reserving the right to reverse the decision at will.

Agree