Gerardo Castillo Ceballos, Profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra

Por qué se lee cada vez menos

La tradicional imagen del ciudadano medio que acudía cada semana a una biblioteca, no necesariamente por razones de estudio, sino por afición a la lectura, por el placer de leer, se está perdiendo. Era el caso de una de mis abuelas, una mujer sencilla pero con gran curiosidad, que  leyó con fruición cada última novela durante 25 años. Causa tristeza ver ahora tantas bibliotecas vacías.

21/02/18 Publicado en El confidencial

Existía la costumbre de regalar libros y los Reyes Magos los ponían en los zapatos de los niños que habían sido muy buenos. Ahora, en cambio, el regalo preferido es un videojuego,

Mucha gente ya no lee diariamente como antes: en el Metro, en la cama hasta la llegada del sueño, en las estaciones de ferrocarril y en las salas de espera de la consulta del médico. En cambio, ahora esperamos sin prisa, abstraídos en el móvil o la tablet.

Hoy algunas de las personas que tienen la buena costumbre de ejercitarse físicamente en un gimnasio, lo hacen para rendir culto al cuerpo, lo que contrasta con el olvido de la biblioteca como  ámbito para el cultivo de la mente. Sugiero que los gimnasios  incorporen una biblioteca, al igual que los de la Grecia clásica.

El último Informe de lectura en España (2017) es muy preocupante: el 40 por ciento de los españoles no lee libros. La situación afecta sobre todo a los adolescentes; para conseguir que lean un libro los profesores suelen recurrir a convertirlo en una tarea obligatoria que, además, es parte del examen.

¿Por qué está  desapareciendo la costumbre de asociar el libro al ocio y a la espera? Porque es más cómodo entrar en las pantallas y plataformas digitales: en ellas existe una gran oferta de entretenimiento sin esfuerzo. También por la influencia de esos audiolibros que hacen “innecesaria” la lectura.

Algunos adolescentes piensan que, como actualmente disponemos  de muchas fuentes de información a través de internet, los libros no son necesarios. Ignoran que la lectura continuada, reposada y reflexiva de un libro nos aporta mucho más que leer mensajes fugaces y triviales en el “móvil”.

La adquisición de conocimientos a través de la lectura de libros tiene un valor único, debido a que mantiene la mente activa y estimula diversos procesos cognitivos. Por eso, ha sido muy elogiada por muchos grandes escritores.

Para la poetisa Wislawa Szymborska, la magia de la literatura radica en que nos hace (al menos por un rato) más libres. “Leer libros es el más glorioso pasatiempo que la humanidad ha ideado”.

Mario Vargas Llosa, en su discurso de recepción del Premio Nobel, “Elogio de la literatura y la ficción” leyó lo siguiente:

“Aprendí a leer a los cinco años (…). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino (…). La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura”. 

¿Hay buenos argumentos para “redimir” a los pertinaces no lectores?

Uno de ellos es la crítica que suelen recibir de los humoristas. Por ejemplo,  Antonio Mingote dibuja a un padre aconsejando a un hijo pequeño: “Primero tienes que hacerte un hombre de provecho, con una educación esmerada, sólida formación y firmes principios. Luego ya podrás leer algún libro”.

 

Otros argumentos a favor de la lectura de libros: estimula la memoria  y la imaginación e incrementa el vocabulario. Al mantener el cerebro activo, ayuda a prevenir el Alzheimer y otras enfermedades degenerativas; desarrolla el pensamiento analítico, especialmente con las novelas de crimen y misterio; potencia la concentración y la empatía; favorece la expresión oral y escrita. Todo ello contribuye decisivamente al éxito escolar.

Algunas personas sostienen que no es verdad que hoy leamos menos, ya que el libro en papel se está sustituyendo con ventaja por el atractivo libro electrónico. No opina lo mismo el profesor de Sociología Alejandro Navas: “El libro electrónico tuvo un lanzamiento fulgurante, de modo que los viejos lectores parecíamos una especie en peligro de extinción. Las aguas se van serenando, y la difusión del e-book se ha estancado. Parece que tenemos Gutenberg para rato. Afortunadamente”.

Añado que quien no tenga el hábito de leer en libros de papel difícilmente lo adquirirá en libros electrónicos.

¿Servirán las razones expuestas a favor de la lectura  para conseguir nuevos lectores?  No descarto que llegue pronto el momento de una publicación con este título: “Lectores conversos”.

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