Domingo Pellicer Daviña, Arquitecto y catedrático de Construcción en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra

Las lecciones aprendidas en México desde el desastre de 1985

09/09/17 Publicado en ElMundo.es

Conviene reparar en dos notas singulares de la información obtenida hasta el momento sobre el terremoto que asoló ayer la costa mexicana y guatemalteca del Pacífico: la primera, es que la intensidad del sismo fue de 8,2 y el número de fallecidos asciende por el momento a 35; la segunda, es que en 1985 se produjo en la misma zona otro terremoto de intensidad 8,1 que dejó un balance de 10.000 muertos.

Naturalmente es demasiado pronto para sacar conclusiones de la comparación; pero incluso suponiendo que -como suele ocurrir en estos casos- el número de víctimas aumente a medida que se van recopilando las informaciones, es evidente que se ha conseguido una mejora sustancial de la seguridad de las personas.

La explicación sólo puede estar en la modificación de los principios normativos que haya tenido lugar entre los dos episodios, que ha debido suponer a su vez una mejora cualitativa en la estabilidad de los edificios y en consecuencia en la seguridad de sus ocupantes, con un fundamento tan seguro como es el de haberse apoyado en la experiencia adquirida tras el terremoto anterior. Esto les permite asegurar que toda aproximación a su cumplimiento, por matizada que sea, redundará en evitar la pérdida de vidas.

El objetivo secundario previsto estriba en reducir el coste económico que un sismo ocasiona. Su valoración es compleja, en vista de la gran cantidad de variables aleatorias que pueden darse. Sin embargo el mero hecho de dimensionar los edificios con criterios sísmicos propicia una mayor salvaguarda de vidas y una reducción de daños.

Pero también merece una especial atención el hecho de que esa normativa puesta al día sólo se habría aplicado a los edificios de la zona afectada construidos después del sismo de 1985. Nada sabemos aún del comportamiento que tuvieron ayer los edificios que subsistieron entonces, pero a buen seguro muchos de ellos serían humildes edificios de fábrica cuya construcción estaría hoy prohibida.

Se trata de una cuestión de suma importancia a la hora de ponderar los fundamentos de la normativa de edificación, que en este caso ha mostrado un ejemplo notorio en el terremoto de Chiapas -territorio frente al que se produjo el epicentro, en el océano- pero que puede extenderse a todo el campo normativo. La experiencia práctica por encima de las elucubraciones teóricas, sobre todo cuando éstas se basan en probabilidades de que ocurra esto o aquello; y el acomodo a lo posible, porque a veces lo mejor es enemigo de lo bueno.

"Ladran, mi señor, luego cabalgamos". Dentro de la desgracia objetiva que supone un terremoto, la drástica reducción del número de víctimas induce a felicitar a los técnicos mexicanos responsables de su normativa antisísmica, porque han conseguido el primer objetivo de cualquier disposición legal en el ámbito de la Arquitectura, velar porque se cumpla el principio vitrubiano: firmitas. Los destinatarios de la Arquitectura son las personas; y la vida es el bien más preciado de cualquiera de ellas.

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