Carlos Barrera Sanz, Profesor de la Facultad de Comunicación

El Cid, el diario "Madrid" y Antena 3 Radio

La voladura de Antena 3 Radio -su «antenicidio» mediante una sombría operación político-comercial, no fue física como la sede del diario "Madrid" pero si herciana: dejó de estar en el dial

04/05/17 Publicado en ABC

EN esta sociedad del desconocimiento hasta las nuevas generaciones pueden no haber aprendido nunca que Rodrigo Díaz de Vivar, una celebrity del siglo XI que inspiró millones de tuits y retuits, ganó una batalla después de muerto. Ardían las redes sociales con su hazaña. De los muertos suele decirse que queda su espíritu, su legado, los valores que transmitieron en vida. Sucede así también en el ámbito de los medios de comunicación «caídos en combate», valga la metáfora. Ya no se editan, escuchan o ven pero se siente que contribuyeron en algo a la construcción de una sociedad mejor y más informada. En la historia reciente de España es paradigmático el caso del diario «Madrid» cerrado por la dictadura de Franco en noviembre de 1971, hace ya 45 años. Su memoria fue cuidada con esmero por aquellos que participaron en aquella dinamitada aventura, y así se la recuerda hoy en día con un consenso generalizado acerca de su contribución a la España democrática de nuestros días.

Hace hoy 35 años -corría el 4 de mayo de 1982de la primera emisión de una cadena radiofónica, Antena 3, llamada a tener un notable influjo en la España de los ochenta. Apenas contaba entonces con unas pocas estaciones pero pronto acometió su expansión por toda España. Tuvo la osadía pionera de hacer programación convencional en FM en un mundo dominado por la onda media, y revolucionó la forma de hacer radio aportando formatos innovadores, frescura, juventud y aires de libertad. Algunos les tacharon de visionarios pero hasta sus competidores tuvieron que renovarse para hacerle frente. Su abrupto y hoy todavía controvertido final, doce o catorce años después según se hagan los cálculos, propició su entrada en el martirologio periodístico y el inicio de su leyenda: discutida por algunos, pero leyenda al fin y al cabo que perdura en el subconsciente colectivo como algo que mereció la pena vivirse.

Los intentos de rescatar su memoria han sido más próximos, inconexos y fragmentarios, pero nadie duda de que a pesar de su trágico final, y al igual que ocurriera con el diario «Madrid», muchos de quienes participaron en ella y muchos de los que fueron sus oyentes -jóvenes en su gran mayoría-, sienten aún un vacío solo llenado por los recuerdos de una aventura que formó parte de sus vidas y por ciertos valores que transmitió a toda una generación. La voladura de Antena 3 Radio -que algunos llamaron «antenicidio»mediante una sombría operación político-comercial, no fue física como la sede del Madrid pero si herciana: dejó de estar en el dial.

El alma de aquella empresa fue Manuel Martín Ferrand, polifacético periodista con amplia experiencia en medios cuando comenzó la andadura de una cadena que quería ser televisiva pero tuvo que empezar por la radio. Detrás estaban destacadas empresas periodísticas como ABC y La Vanguardia. Reunió a periodistas de renombre como José María García, Jesús Hermida, José Antonio Plaza, Yale y Amilibia, que se lanzaban prácticamente a una piscina sin agua; a otros aún jóvenes pero ya con cierto recorrido como Miguel Ángel Nieto, Miguel Ángel García-Juez y José Cavero; y a una pléyade de periodistas que velaban sus primeras armas en radio y que se hicieron un nombre en aquella casa: Luis Herrero, Antonio Herrero, Gomaespuma, Nieves Herrero, Consuelo Berlanga, Consuelo Sánchez-Vicente, etc.

Les tocó lidiar, como es lógico, con la actualidad, que vino dominada por la larga sombra de los gobiernos socialistas de González al amparo de sus repetidas mayorías absolutas. La independencia de que quiso hacer gala desde los comienzos fue tropezando con las incomodidades de esa situación de cuasimonopolio político. Así se fue ganando una merecida fama de cadena crítica con el poder: desde las mañanas del aguerrido Antonio Herrero hasta las noches del infatigable e incalificable Supergarcía en la Hora Cero. «Noticias veraces y opiniones independientes» era uno de los lemas-guía de la cadena radiofónica, a la cual se sumó la televisión desde 1990. Esa independencia acabó por resultar molesta. Otros factores económicos y empresariales entraron en juego también y ese modelo de radio acabó sus días en el verano de 1992.

Se produjeron en contextos históricos y mediáticos distintos pero ambas empresas, «Madrid» y Antena 3, no pasaron inadvertidas en su tiempo y dejaron huella: una bajo los estertores de la dictadura de Franco y la otra en medio de un ambiente de opresión democrática hacia los medios independientes. Ambos tuvieron que caminar, en feliz expresión del que fue director del diario Antonio Fontán, «por los incómodos senderos de la discrepancia». Ambos desaparecieron, o más bien fueron «desaparecidos», y dejaron huérfanos a sus lectores y oyentes, pero sus espíritus todavía perviven. Como el buen Cid, ganaron una batalla después de muertos, y los vivos debemos perpetuar su memoria en esta sociedad donde la ejemplaridad por desgracia no abunda.

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