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Francisco Javier Pérez Latre, , profesor de la Facultad de Comunicación

La casa común

02/02/16 Publicado en Diario de Navarra

En las últimas semanas hemos vivido un intenso debate en la opinión pública navarra, con diversas posiciones sobre nuestro sistema sanitario y cómo puede ser cada día mejor. Ha sido un debate a veces apasionado, donde no han faltado los buenos argumentos, pero tampoco los exabruptos y faltas de respeto a personas e instituciones. A veces se han puesto de manifiesto desencuentros profundos que fácilmente afloran a la superficie dificultando los grandes acuerdos que necesitamos. Construir una verdadera comunidad en nuestra comunidad foral es una tarea que llevará tiempo. El estudio de la comunicación aporta lecciones de interés.

 La idea de casa común remite a un concepto precioso que nos toca de lleno en una tierra tan diversa como Navarra: el concepto de comunidad. Comunicación y comunidad son dos caras de la misma moneda. De hecho, ver cómo los medios acercan a las personas nos maravilla y asombra.

 Sin embargo, vivimos en sociedades partidistas, divididas e ideologizadas. Hay quién insiste en ver el mundo como un lugar lleno de rivales, "competidores" y "enemigos" (imaginarios o reales). Nos olvidamos de que formamos parte de una sociedad. De que estamos en el mismo barco y vamos al mismo puerto. A veces carecemos de la generosidad y la apertura de miras necesaria para reconocer el mérito de otros y buscar puntos de encuentro. De hecho, el desencuentro afecta a todo tipo de organizaciones, no sólo a las políticas. ¿Qué queda del respeto e incluso, a veces, la admiración, que debemos tener por los que no piensan como nosotros? Como ha escrito el gran líder global del momento, el Papa Francisco: "A menudo sucumbimos víctimas de actitudes que no nos permiten dialogar: la prepotencia, no saber escuchar, la descalificación previa". El que quiera construir la sociedad, deberá dejar de ver en el otro un mal que hay que "eliminar".

Las mejores soluciones son soluciones con las que todos ganan, porque la comunicación desencadena un círculo virtuoso. Ya no se trata sólo de qué piensas tú o qué pienso yo, sino del bien común, al que conviene sacrificar el interés personal. Por el contrario, cuando cada uno busca sólo su propio interés, las relaciones se complican y el futuro se oscurece. A veces no se comprende que el diálogo y la búsqueda de la unidad no son utopías de ingenuos e idealistas, sino las soluciones más prácticas, razonables y humanas.

Para que la sociedad funcione resulta necesario que mujeres y hombres razonables y capaces se tomen el tiempo necesario para debatir cuestiones complejas en una atmósfera de mutua comprensión, que permite el intercambio de las informaciones y busca soluciones, en un clima de amistad. Una comunidad de personas diversas, pero que sienten respeto y admiración unos por otros y coinciden en el afán de mejorar e ir siempre a más.

 Y esa es precisamente también la misión de los medios, la comunicación y la Política: recordarnos que hay una comunidad. Que, de hecho, estamos cerca unos de otros. Que de manera tan misteriosa como real, estamos en el mismo barco. Que nuestra tierra (rica también por su gran diversidad política, con siete partidos representados en el Parlamento) puede funcionar con grandes acuerdos. ¿Quién se apunta a pensar en el bien común? En nuestra comunidad, lo importante no es quién resuelve los problemas sino que, juntos, los podamos resolver.

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