Se analiza los textos en que Tomás de Aquino habla sobre la condición sexuada del ser humano. Primero, aquellos en que acude a la autoridad. Segundo, los que involucran algún argumento filosófico.
Para Aquino la diferencia entre hembra y macho, es propia del animal. Parece sostener, aunque no de manera clara, que se trata de una diferencia per se.
Desde la perspectiva de la sustancia y el accidente, son accidentes inseparables, causados por los principios del individuo, la causa permanece en el sujeto.
La parte medular del trabajo es el análisis de la diferencia a la luz de la potencia y el acto. Hembra y macho se distinguen por la operación, la virtud activa está en el macho, la pasiva en la hembra. La diferencia es establecida por naturaleza con un fin generativo.
La operatividad de la potencia masculina es clara. Por lo que me avoqué a mostrar la operatividad de la potencia femenina. La potencia femenina es pasiva y activa a la vez, pues como afirma el Aquinate en S. Th. III q.31, a.5, la materia que suministra es la sangre, pero no cualquier sangre sino aquella que por la virtud generativa de la madre logra una transformación más perfecta que la vuelve apta para la concepción. Aunque lo femenino sea pasivo respecto al objeto, es activo en relación al acto.
El acto generativo del viviente, requiere dos principios operativos complementarios, uno activo y uno pasivo.
A través de la operatividad sexual, la noción de forma como principio operativo y la unidad sustancial de Aquino, es posible defender la diferencia sexual sin anular uno de los dos.