kike rodríguez,
16 de mayo de 2009
Una de las razones del minimalista y monocromático diseño de la Facultad de Comunicación es que fueran los alumnos los que, con sus vistosas prendas, dotaran de vida a este edificio que tan gris y desolado permanece cuando ningún paso hace eco en sus pasillos. Sin embargo, el día 15 de mayo de 2009, por primera vez en su historia, la desnuda y callada facultad de hormigón se vistió de colores y habló a sus inquilinos en un lenguaje que todos entienden: la fiesta.
Si nos paramos a recordar las entretenidas clases de Antropología, recordaremos cómo Don Eduardo Terrasa (con una canción de R.E.M. de fondo) definía la fiesta como una celebración de la vida, un momento en el que las personas conmemoraban su existencia frente a la muerte. Pues bien, el viernes 15 de mayo de 2009, la facultad entera conmemoró su medio siglo de existencia en un acto al que asistieron más de un millar de personas que, durante unas horas, celebraron la vida en un edificio que ellos creían inerte. Un hecho que, sin duda, romperá las barreras de la memoria de aquellos que lo vivieron.
fcom on the stage se compuso de dos partes. En la primera de ellas, tuvo lugar un espectáculo de variedades completamente hecho por alumnos (o antiguos alumnos). Este espectáculo tenía como leit motiv un viaje por la historia de la comunicación a través de los diversos modos de expresión humanos. Los alumnos participantes realizaron números de baile, teatro, malabares, mimo y música, así como montajes de vídeo que se proyectaron en las áridas paredes del edificio gris. Además, se contó con la impagable participación de Juan Voltas, un prestidigitador que en su día conmocionaba a teatros enteros mientras era anunciado por la Mary Santpere; y que el pasado viernes hizo un hueco en su jubilación para reunirse con una juventud y dejarles maravillados con sus excelentes trucos.
Tras el espectáculo, tuvo lugar otro momento memorable: la facultad pasó de convertirse en la mejor discoteca de Pamplona. Las luces iluminaron su interior y en las paredes se proyectaron animaciones que seguían el ritmo de la selecta música. Los alumnos invadieron el hall de la facultad por la que habitualmente caminan y, por primera vez, bailaron en él como lo harían en cualquier otra discoteca. Esa noche, el edificio se hizo a los alumnos y les regaló una fiesta, la fiesta del medio siglo.
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