“Mi
padre era un vanguardista
del reportaje”
René Maisner, fotógrafa
e hija del periodista Ryszard Kapuscinski, compartió con
alumnos de fcom el lado más personal de su padre,
uno de los mejores reporteros del siglo XX
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René
Maisner, sonriente ante el ejemplar que la revista
Nuestro Tiempo dedicó como tema central a su padre.
Foto: M. Castells |
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yago
gonzález,
24 de octubre de 2008
Él reflejó el mundo con la palabra. Ella
lo recrea con la fotografía. René Maisner
(1953), hija del mítico reportero polaco Ryszard
Kapuscinski (1932-2007), habló sobre la vida personal
y profesional de su padre en un encuentro con alumnos organizado
por la revista Nuestro Tiempo. Vive en Vancouver (Canadá),
es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de
la Columbia Británica y desde 1995 expone obras
relacionadas con el consumismo o la naturaleza. Su curiosidad
por el mundo viene de familia: ha trabajado y vivido en
varios países, entre ellos México. De ahí su
español casi perfecto.
“Cuando yo era pequeña
escuchaba atónita las historias
que contaba mi padre al regreso de sus viajes. Él
desplegaba los mapas de los lugares en que había
estado y yo trataba de absorber todas sus experiencias.
Solía traernos pequeños detalles: figuras
de artesanía,
tazas de porcelana, cosas así. Era emocionante”.
En
sus años
de infancia, René (nacida Zojka Kapuscinska) capturaba
aquellos momentos de privacidad que completaban la intensa
experiencia del periodista, recogida en libros de referencia
como Ébano, El Emperador (el
primero que leyó René, con 22 años), La
guerra del fútbol y Los cínicos
no sirven para este oficio.
Libros en los que Kapuscinski firma la crónica política
y social de su tiempo poniendo el ojo en los más
desfavorecidos. “Le interesaban
las situaciones de pobreza, de hambre, de frío”,
aseguró. “Quería
retratar momentos simples, de la vida cotidiana, para crear
con los lectores un sentimiento de empatía y que
entendiesen lo que sucedía a
pie de calle en otros lugares del mundo”.
Ryszard
Kapuscinski sentía atracción por
los escenarios desolados porque, según René,
se había criado en ellos. “Siempre intentó trasladar
a sus textos la variedad étnica y las privaciones
del pueblo donde creció (Pinsk, Bielorrusia) y,
más tarde, despertó en los habitantes de
la Polonia comunista el interés por cuestiones humanas
en un momento en que el materialismo dominaba el modo de
vida”. No era un corresponsal de hotel. “Se
sumergía a fondo en las sociedades sobre las que
luego escribiría e iba a los focos de conflicto
cuando todos los demás periodistas ya se habían
marchado”.
Las andanzas del cronista también dieron algún
sobresalto a su familia “Yo tenía nueve años
cuando, un día, mi madre recibió una carta
y se puso a llorar. La carta informaba de que mi padre había
contraído una mezcla de malaria y tuberculosis en África
(experiencia que relataría en Ébano).
Mi madre se fue a cuidarle a África durante un año
y yo me fui con mis abuelos”. Aunque sabía separar
el mundo del periodismo y el de la familia, los regresos
a casa de Kapuscinski están muy retenidos en la memoria
de René. “Escribir le resultaba un proceso muy
doloroso: se encerraba en su cuarto con gran concentración
y siempre pedía a la editorial un aplazamiento de
la fecha de entrega. Necesitaba sentir la presión”.
No obstante, padre e hija aprovechaban las visitas para compartir
su afición común: el Arte. “Íbamos
a muchas exposiciones y hablábamos de nuestros artistas
favoritos. Yo siempre dicho que mi padre era el Cezanne del
periodismo porque retrataba a la gente común. Era
un vanguardista del reportaje”. |