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Robert Entman advierte del
choque de intereses entre políticos y periodistas
El politólogo estadounidense
participó esta semana en el Curso
de Doctorado sobre ‘Cuestiones de
Comunicación Política’
fcom,
13 de marzo de 2007
Robert Entman, doctor en Ciencias Políticas
por la Universidad de Yale, es uno de los más
eminentes investigadores del ámbito de la comunicación
política. Entman, que durante esta semana ha participado
como profesor en el Curso
de Doctorado sobre ‘Cuestiones
actuales de Comunicación Política’,
imparte clases en la School
of Media and Public Affairs de la George Washington University,
aunque antes ha ejercido la docencia en las universidades
de Duke, Northwestern y North Carolina State. Sus publicaciones
sobre la relación
entre el mundo de la política, el de la comunicación
y la opinión pública se han convertido
en un referente, con títulos que son obligado
material de consulta, como ‘Projections of Power:
Framing News, Public Opinion, and U.S. Foreign Policy’ y ‘Mediated
Politics: Communication in the Future of Democracy’.
Actualmente, prepara la publicación de un nuevo
libro: ‘Media Bias Scandals’.
“Los medios
con demasiado sesgo ideológico practican
un periodismo de menor calidad”
Texto: JUAN PABLO ARTERO
| Foto: MANUEL CASTELLS
—Algunas de sus investigaciones sugieren que la cobertura
de los medios dificulta el desarrollo de las políticas
públicas. ¿Por qué se produce
este fenómeno?
—Los periodistas operan
bajo unas necesidades institucionales que no necesariamente
se alinean con las de los líderes
políticos. A los periodistas les interesa
la controversia, el conflicto. A veces a los políticos
también, pero otras veces están centrados
en negociaciones, acuerdos, quizá detalles
poco interesantes para el público. Así que
hay un choque entre lo que los periodistas consideran
como buenas historias y lo que los políticos
intentan comunicar.
—¿Dónde queda entonces el interés
del público?
—Esto es un problema.
Me temo que hay dos modos de pensar sobre este término.
Por un lado, lo que el público está interesado
en leer o ver. Por otro lado, servir bien al público
podría implicar otras cosas. Lo que interesa
al público podría estar entonces más
ligado a aquello de lo que los periodistas informan,
pero el interés político de estar servidos
por un buen liderazgo quizá no esté ligado.
Los periodistas dicen que no pueden informar de acuerdo
a lo que los políticos piensan que es bueno
para la democracia, sino respecto a lo que la audiencia
quiere que hagan. Hay una paradoja de la que es difícil
escapar: los periodistas quieren hacer información
de más calidad, pero están constreñidos
por que la audiencia no quiere gastar tiempo y dinero
en noticias de alta calidad. A la vez, si no hay
información de calidad los ciudadanos no pueden
demandarla, así que se establece un círculo
vicioso. Además, si tienes una ciudadanía
poco informada, los políticos son reacios
a explicar asuntos políticos complejos. Y
esto lleva a veces a trágicos errores políticos.
—Entonces
puede ocurrir que se produzca una doble simplificación del mensaje: la de los políticos
y la de los medios.
—Sí, para cuando el mensaje llega a la audiencia
es una representación estrecha de lo que realmente
está pasando.
—¿Estamos practicando un periodismo saludable
en los países occidentales?
"Los
periodistas europeos tienden a ser más diversos
ideológicamente que los americanos" |
—Esto varía
en diferentes países, líderes
y también asuntos. Como generalización,
diría que los periodistas europeos tienden
a ser más ideológicamente diversos,
lo que es algo saludable en general. En América,
con una sola excepción, todos los medios nacionales
están estrictamente identificados con una
ideología de partido. En mi opinión,
esto les lleva a un periodismo de menor calidad,
frecuentemente manipulado. En Francia o España
es más común que alguien cuestione
fuertemente al Gobierno. Por ejemplo, con las guerras
del Golfo o de Irak hubo muy poco cuestionamiento
por parte de los medios americanos.
—¿Están
entonces los medios americanos demasiado sesgados?
—Sí, la parte irónica de esto es que
en la esperanza de eliminar el sesgo, en realidad
lo están produciendo. Como ejemplo, la información
sobre el calentamiento global. Se está dando
demasiado espacio a la gente que niega el calentamiento
global, incluso cuando casi ningún científico
lo hace. Pero tienden a obtener mucho espacio informativo,
porque eso es supuestamente objetivo y equilibrado.
Y esto distorsiona la información real que
sobre este fenómeno recibe el público.
—¿Hay intereses políticos o comerciales
detrás de este sesgo de los medios?
—Estoy escribiendo
un libro sobre el sesgo ideológico
de los medios, que es un tema común de discusión,
pero no muy bien conocido en la teoría. Hay
muchas paradojas que afectan a esta cuestión,
como la que hemos comentado. Otra es la medida en
que se dedica tiempo y espacio a la información
sobre uno u otro partido político. Los medios
han estado muy sesgados a favor de George Bush. Le
han protegido de casi todos los escándalos
potenciales. Si mira a cómo trataron a Bill
Clinton, los medios informaron en exceso en algunos
asuntos. Esto no es porque los medios apoyen a los
republicanos. Si no que los republicanos están
mucho más adaptados a manipular a los medios
y el sistema de objetividad.
—¿Hay entonces algún tipo de acuerdo
implícito entre ciertos líderes políticos
y los medios?
—No necesariamente un acuerdo,
ni tampoco es una cuestión ideológica. El punto de vista
ideológico personal de la mayoría de
los periodistas en medios nacionales es mayoritariamente
progresista, de centro-izquierda. Esto no explicaría
porque fueron tan duros con Clinton, que es de centro-izquierda,
y tan condescendientes con Bush, que es de derecha,
no de centro, y algunos dirían que de extrema
derecha, lo que es un punto argumentable. El mismo
caso se dio en su día con Carter y Reagan.
Así que no es afinidad política, ni
acuerdo con las posiciones políticas, es mucho
más el modo en que los presidentes y sus equipos
desarrollan su estrategia de comunicación
y el modo en que entienden el modo en que funcionan
los medios y usan cada oportunidad para promover
su punto de vista y minar el del contrario. Desde
el primer día de la presidencia de Clinton,
los republicanos no hicieron otra cosa que presionar
los posibles escándalos. Ustedes han visto
el reverso cuando los demócratas están
en la oposición.
—Así que la razón de fondo está en
que los republicanos son más duros en la oposición
y tienen mejores equipos de comunicación…
"Estados Unidos es una nación que está mucho más polarizada que en el pasado" |
—Sí, esto es buena parte de ello. Tienen mejor
gente, están mejor financiados, tienen una
infraestructura de redes para promover su punto de
vista… La radio hablada es mayoritariamente
pro-republicana, tienen revistas y think tanks que
están bien financiados. Tienen una infraestructura
intelectual y de relaciones públicas más
desarrollada y mejor financiada y entienden el modo
en que los medios operan, independientemente de la
ideología personal de los periodistas.
—Su investigación ha estado centrada también
en el modo en que los informativos de televisión
cubren la información sobre la comunidad afroamericana. ¿Por
qué la imagen que ofrecen está alejada
de la realidad?
—Los patrones e imágenes
sobre los afroamericanos están influenciados
por la industrialización
del periodismo, la falta de tiempo y de presupuesto… Particularmente,
si la televisión redujera el tiempo dedicado
a los sucesos, tampoco estaría tanto con los
crímenes cometidos por negros. La solución
sería: sin tienes que informar sobre un crimen,
informa la historia de manera más profunda.
Una entrevista con el tipo que cometió la violación
o el robo daría contexto sobre su historia:
si creció en una familia terriblemente pobre,
su padre era un borracho, trató de entrar en
el instituto, pero tuvo que trabajar para sostener
a la familia… Esto sería una historia
humana interesante. Sin embargo, cuando los medios
hablan sobre personas blancas de clase media entran
frecuentemente en historias sensacionalistas. ¿Ha
oído hablar de Anne Nicole Smith? Ni si quiera
es una celebridad. Es una historia ridícula
que ha tenido increíble cobertura. Hay que reducir
el elemento racista sobre los delincuentes, y centrarse
en que quizá ha tenido una falta de oportunidades.
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