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El crítico Torres-Dulce
habla sobre el cineasta John Ford a los alumnos fcom
El conocido cinéfilo
asegura que se trata de un profesional integral que
forma parte de los grandes en la Historia del Cine
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Eduardo Torres-Dulce,
en fcom. Foto: Manuel Castells |
maite
santos,
18 de diciembre de 2006
El crítico de cine Eduardo Torres-Dulce estuvo
en la Facultad de Comunicación, en
un coloquio sobre la profesión de crítico
y sobre el filme El hombre que mató a
Liberty Valance, que considera “la última
gran película clásica, un western que
acaba con el western”. El crítico, un
rostro muy conocido gracias a sus intervenciones
en el ya desaparecido programa Qué grande
es el cine que José Luis Garci conducía
en La 2, lleva más de cuarenta años
dedicado a la crítica. Sus trabajos en Telva, Nikel
Odeon, Expansión o La Clave lo
convierten en un crítico reconocido cuyos
consejos bien pueden servir a unos alumnos de Crítica
que acaban de introducir un pie en este mundo.
Torres-Dulce
destacó de John Ford su carácter
de cineasta integral, formado en el cine mudo, que
supo adaptarse al sonoro con maestría y que
incluso fue más allá explorando nuevos
campos. Por ello y por la calidad de sus numerosas
películas, es uno de los grandes de la historia
del cine.
Torres-Dulce advirtió que en la crítica
cinematográfica la primera regla es que no hay
reglas. Partiendo de esa idea, afirmó que el
conocimiento de la historia del cine, la tolerancia,
la justicia y el estilo propio constituyen claves a
la hora de enfrentarse a la crítica con profesionalidad. “Sobre
gustos sí hay algo escrito, se puede tener buen
gusto o mal gusto”, afirmó Torres-Dulce,
para quien el peor tipo de crítico es el complaciente.
Ni el agresivo ni el director frustrado. El complaciente.
Daña a la crítica porque el espectador
se siente engañado y de ahí a la desconfianza
en la crítica sólo hay un paso.
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