Una
realidad profesional cambiante
El siglo XX finalizó con un ambiente de verdadera
euforia para el periodismo económico. Tras muchas
décadas de paciente espera, la información
económica se había hecho un hueco de honor
entre las prioridades informativas de los medios de comunicación,
un proceso que se había iniciado ya en los años
setenta. Por un lado, los principales periódicos
cada vez dedicaban más espacio y recursos a este ámbito
informativo. Por otra parte, como fenómeno prácticamente
universal, la explosión de títulos especializados –diarios
y revistas-, el definitivo desembarco de la información
financiera en la radio y la televisión, y la nada
despreciable ayuda de Internet, convertida en fuente de
información clave para los negocios, eran reflejo
de la omnipresencia de este tipo de contenidos en la agenda
de la actualidad.
Pero con el nuevo siglo, la magia empezó a desvanecerse.
Las dudas sobre la consistencia de la nueva economía
se multiplicaron, y los peores augurios en torno a la creación
de una burbuja tecnológica acabaron confirmándose
con graves crisis de los mercados bursátiles, con
escándalos como los de Enron, WorldCom, Parmalat
y otras corporaciones.
Para el periodismo y los periodistas económicos,
el cambio de siglo y de entorno planteaba un buen número
de interrogantes. Casi de la noche a la mañana,
el boom informativo tenía visos de convertirse
en crash; los héroes del periodismo económico,
sobre todo los periodistas financieros, pasaban de pronto
a convertirse en villanos, y por todos los lados se alzaban
voces críticas que atribuían a los medios
un comportamiento discutible al espolear de forma acrítica
expectativas irracionales y comportamientos irresponsables.
En España, el cambio de siglo también supuso
un receso en la gran expansión vivida por los contenidos
económicos desde mediados de los años ochenta,
aunque no como consecuencia de los escándalos corporativos
padecidos en otras latitudes. Nuestro país ha seguido
mostrando una estructura periodística peculiar en
el ámbito de la información económica,
con una inflación de títulos diarios especializados,
y un escaso desarrollo de esta especialidad en otros medios.
La comentada expansión de la información
económica en todo tipo de medios de comunicación
durante las últimas décadas, y los desafíos
que plantea el buen ejercicio del periodismo económico,
ha generado un creciente corpus de reflexiones sobre las
luces y las sombras de esta actividad, y sobre su impacto
en la vida pública -más particularmente,
en el comportamiento económico de los individuos,
los mercados y los gobiernos-. A los desafíos profesionales
se han unido también los retos empresariales y tecnológicos,
que han condicionado y seguirán condicionando la
calidad de este tipo de información en los medios
generalistas y en los especializados.
Esta
edición XXII del Congreso Internacional de Comunicación
quiere profundizar en esas luces y sombras del periodismo
económico, y en los desafíos que tiene ante
sí esta especialización profesional. La actual
edición también pretende celebrar, asimismo,
el vigésimo aniversario del Seminario de Información
Económica, una iniciativa pionera en la formación
de periodistas económicos puesta en marcha por la
Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra,
precisamente cuando se inciaba el definitivo despegue de
este tipo de información en España. |