Comienzan
dos nuevas licenciaturas
Alejandro Navas
Cuando fui nombrado Decano en
noviembre de 1990, una de las primeras y más importantes
tareas que hubo de acometer la nueva Junta Directiva fue
la puesta en marcha de los nuevos planes de estudios, exigida
por la LRU (Ley de Reforma Universitaria). La Facultad
de Ciencias de la Información o de Comunicación,
como pasaría
a denominarse para hacer justicia a los nuevos contenidos
docentes, incluía tres titulaciones: la tradicional
de Periodismo y las nuevas de Comunicación Audiovisual
y Publicidad y Relaciones Públicas. Quedaba en manos
de las Universidades la decisión en torno a la articulación
de las tres licenciaturas. Cabía mantener una sola
Facultad, con diversos grados de especialización,
o incluso crear tres Facultades distintas, una por titulación.
Tanto por motivos académicos –salvar la unidad del
fenómeno comunicativo, común a las tres licenciaturas–
como por razones económicas –minimizar la inversión–,
optamos por una sola Facultad con dos años comunes
y dos de especialidad. Además, como era propio de
nuestra marca, mantendríamos la fundamentación
humanística de esos estudios.
La empresa era ambiciosa
y equivalía a una refundación
de la Facultad. Desde más de un punto de vista podía
parecer prudente concentrarse en los estudios de Periodismo,
donde ya éramos fuertes, pero en nuestra condición
de jóvenes y animosos veíamos claro que si
nuestra Facultad quería seguir siendo puntera en
el ámbito de la comunicación, que ampliaba
su campo de estudio, debíamos empezar a impartir
las nuevas enseñanzas. Costó poco obtener
el visto bueno del Rectorado, con todo lo que implicaba:
además de la ampliación y formación
de una plantilla de profesores todavía inexistente,
sería necesario construir un nuevo edificio para
hacer justicia a las nuevas necesidades.
Cuando miro hacia
atrás, me asombra lo que fuimos
capaces de hacer en tan poco tiempo. Ahora estamos inmersos
de nuevo en otra reforma de los planes de estudio, esta
vez bajo la égida de Bolonia, por lo que puedo comparar
este momento con aquel. Pienso que si hoy se me dijera
que tenía que pilotar una reforma como la de entonces,
respondería que es imposible. Posiblemente lo que
nos salvó fue que no teníamos tiempo de pensar
en las dificultades de la empresa: toda nuestra energía
era requerida por las notables exigencias del día
a día. No había tiempo para cultivar el victimismo.
Por ejemplo, cuando las nuevas licenciaturas llegaron al
cuarto curso, ocurrió que ese año hubo que
empezar a impartir cuarenta y cinco asignaturas nuevas,
entre obligatorias y optativas. Los profesores eran en
su mayoría jóvenes recién licenciados
–una de mis mayores satisfacciones como Decano fue haber
atraído para la docencia y la investigación
a muchos de los mejores alumnos de las promociones de esos
años–. En algunos casos habíamos conseguido
enviarlos unos meses a Estados Unidos para que cursaran
algún máster o tuvieran ocasión de
aprender lo que hacían las Facultades de referencia
de allí.
La apuesta salió bien, gracias a Dios, y hoy esas
licenciaturas están plenamente consolidadas.
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Alejandro Navas [anavas@unav.es]
fue decano de la
Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. |
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A
Periodismo se suman Comunicación Audiovisual
y Publicidad y Relaciones Públicas |
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