El
primer Estudio de Televisión
Gabriel Pérez
La
verdad es que fue un nacimiento tranquilo. Tan tranquilo,
que no me atrevo a decir cuándo
fue el momento exacto. Digamos que, a finales de los años
60, pasamos del cine a la televisión; lo mismo que
ahora ocurre con el actual cambio de lo analógico
al digital. En el Instituto de Periodismo contábamos
con una cámara “Arriflex BL” de 16 mm.
y quizá alguna “Beaulieu”.
Luego había varias cámaras domésticas
de super8 mm. con las que intentábamos desentrañar
el lenguaje audiovisual ayudados por unas moviolitas de
manivela. En el fondo, hacíamos lo mismo que ahora
permite cualquier sistema digital: cortar y pegar; si bien
es verdad que cortábamos con tijeras y pegábamos
con un producto que disolvía el acetato.
Don Luka
Brajnovic y Ángel Faus nos habían
hablado en clase de la televisión; sabíamos
cómo funcionaba, pero no llegamos a “tocarla” hasta
que comenzamos a ver cierto trasiego en la “torre
de Periodismo”, encima de los estudios de Radio,
en el Edificio Central. Juan José García-Noblejas
y Rafa Alcaine pasaron una buena temporada junto a algunos
técnicos enfrascados en el invento. Y el año
1972 pusieron en funcionamiento el primer Estudio de Televisión
de la Facultad. Poco después se unió al equipo
Ignacio Martínez.
El resultado fueron dos cámaras “Piher” de
tubo, un magnetoscopio de media pulgada y bobina abierta,
quizás un telecine y una mesa de mezclas de lo más
elemental que se pueda concebir. Había focos, micrófonos,
cables en el suelo… aquello era como un plató de
verdad.
Tengo la impresión de que lo estrenamos “a
la vez” tres o cuatro promociones: por lo menos una
del PGLA, los que entonces hacían 4º, y mi
curso, que éramos los de 3º. ¿Y qué hacíamos?
Pues, de todo. Al menos, de todo lo que se hacía
entonces en un estudio de informativos: noticias y entrevistas;
o quizá mejor, sin conjunción, “noticias
entrevistas” porque estábamos todavía
en la onda del “busto parlante” que, eventualmente,
se “tapaba” con fotografías colocadas
en un atril y que había que ir abatiendo conforme
se “pinchaban”, lo mismo que los rótulos
que componíamos con “Letraset”, pegando
letra a letra. Para las entrevistas llevábamos a
profesores de la Universidad y, especialmente, a los que
venían de fuera y podían contarnos cosas
de cierto exotismo.
Entre los de mi promoción, Ignacio Amestoy nos
sacaba cierta ventaja porque ya había trabajado
algo en Prado del Rey y tenía experiencia de cómo
se hacían los programas dramáticos. Pero
el resto no teníamos ni la más mínima
idea de cómo había que alimentar aquello,
por lo que tratábamos de remedar lo que veíamos
en la única televisión que existía
en aquel momento. Recuerdo, especialmente, a Javier Angulo
Barturen (“decano” de la promoción)
delante de la cámara, hablando con cierto desparpajo
y tratando de imitar a uno de los reporteros-estrella de
la TVE de entonces, Manolo Alcalá. Detrás
de la cámara, Nano Dorrego Tiktin, Pedro J., Matilde
Revilla, Cheche Casanova…
Treinta y cinco años después
de aquello, hay que constatar que la televisión se sigue
haciendo, básicamente,
de la misma manera, en el mismo soporte y, no obstante,
con mucha más calidad.
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Gabriel Pérez [gpgomez@unav.es]
es profesor de
Periodismo Audiovisual en la Universidad
de Navarra. |
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Cámaras
de tubo, magnetoscopio, telecine, mesa de mezclas,
focos, cables... un plató de verdad |
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