El
Estudio General se convierte
en Universidad de Navarra
José Javier Uranga
Hay fechas aferradas al recuerdo
y en él se quedan
para siempre. Un día otoñal de 1960, Pamplona
pasó a sumarse al número de ciudades universitarias
españolas, cumpliendo una vieja y nunca lograda
aspiración. No la consiguieron las obras ni los
dispendios de nuestros reyes Teobaldos y Carlos, de las
casas de Champagne y Evreux; ni la escolástica Universidad
benedictina de Irache, ni los dominicos en Santiago de
Pamplona; ni la ambición socio-política vasco-navarra.
Fue un santo, aragonés y fundador, el que nos trajo
los estudios y la ilustración. Otros santos y fundadores
habían pasado por Navarra haciendo bienes: Francisco
de Asís, camino de Compostela, pacificó los
Burgos pamploneses en guerra, e Iñigo de Loyola
defendió con sangre y espada la españolidad
del Reino frente al francés. Mons. Escrivá de
Balaguer, san Josemaría, trajo profesores y maestros
a la Universidad por él creada.
Fue un día de fiesta grande:
arco triunfal, desfile académico por la Curia romana
y catedralicia, gaita y chistu, Ministro del Gobierno,
Nuncio papal, primera piedra del Campus, discursos y cohetes.
Lo que era Estudio General, al principio poco más
que una academia preparatoria, pasó a neonata universidad
con bendiciones papales.
Culminación también
de un trabajo largo y oscuro, y de pioneros que llegaron
a Pamplona a un piso de Carlos III. Primero Ismael Sánchez
Bella, desbordando optimismo y acción. Algo después,
Antonio Fontán con su cátedra de Latín,
Nuestro Tiempo y un archivo de correspondencia
política;
y de cura, mi amigo y compañero de Facultad Ángel
García Dorronsoro, “cura de la tele”.
Luego por docenas, por centenares hasta llegar a la realidad
actual: la mejor Universidad privada del país y
una de las mejores españolas; obra de trabajo profesional,
de esfuerzo gerencial y administrativo, de dedicación
y, sobre todo, de fe. Porque de eso se trata, no le demos
vueltas. Cultivar las ciencias y las humanidades no basta
sin profundidad espiritual, dentro de la plena libertad
humana.
Fecha memorable aquella, adelantada
dos años por
los estudios de Periodismo que, desde Pamplona, cambiaron
la manera de saber y entender la información, entonces
oficializada. Más libertad, que buena falta nos
hacía.
Estoy satisfecho de haber sido testigo
de tantas novedades y haber conocido personalmente a un
santo de Dios.
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José Javier Uranga fue director
de Diario de Navarra y profesor
del Instituto de Periodismo
de la Universidad de Navarra. |
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Pamplona
cumplió su vieja y nunca lograda aspiración de convertirse
en ciudad universitaria |
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El
gracejo popular pronto bautizó al desfile académico
que se dirigía desde el Museo de Navarra a la
Catedral de Pamplona como 'el docto encierro'... |
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