El diálogo intelectual y las relaciones internacionales en la democratización de España: el Congreso por la Libertad de la Cultura

 

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La investigadora Olga Glondys durante su conferencia FOTO: Cedida
04/03/18 16:51 Carlos Veci Lavín

La investigadora Olga Glondys abordó en el seminario organizado por el Grupo de Investigación en Historia Reciente (GIHRE) de la Universidad de Navarra las relaciones entre los intelectuales españoles y el estadounidense Congreso por la Libertad de la Cultura en el marco de la Guerra Fría y la democratización de España. Glondys, integrante del Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL) de la Universidad Autónoma de Barcelona, es autora del libro La Guerra Fría cultural y el exilio republicano español.

El Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC, 1950-1967) fue una iniciativa estadounidense para alcanzar objetivos políticos en el tiempo de choque de potencias que supuso la Guerra Fría. Michael Josselson, líder de la estructura del CLC, concebía la alta cultura como arma de influencia política e ideológica. “En la Guerra Fría una manera de hablar de la política era hablar de cultura”, explicó Olga Glondys.

La actividad del CLC en países dictatoriales del este de Europa y España y Portugal fue siempre encubierta y asociada a organismos independientes. El objetivo del CLC fue la liberalización de estos países. En 1959, al mismo tiempo que fomentaba los homenajes a Antonio Machado, el CLC creó un comité en el interior de España. El año 1959, supuso, según Glondys, “un antes y un después para la oposición intelectual” en el franquismo. Sin embargo, el Congreso por la Libertad de la Cultura actuaba desde años antes en la política española. La reunión de Múnich de 1950, por ejemplo, estuvo financiada por el mismo CLC y otras entidades estadounidenses.

El contacto de los intelectuales

Glondys atribuyó el mérito de la acción del CLC en España a Julián Gorkin, antiguo comunista español establecido en París. Las dos entidades que coordinaron los intereses de CLC en la Península Ibérica fueron el Comité d’écrivains et du éditeurs por une entraide européene (1956-1966) y la Fondation por une entraide intellectuelle européene (1966-1991), lideradas por el crítico literario polaco Konstanty Jelenski. Estas asociaciones enviaron libros y periódicos a países dictatoriales europeos, gestionaron peticiones de los intelectuales (entre ellos, los españoles), y garantizaron becas y bolsas de viaje a hombres de cultura que, a su vez, entraron en contacto con intelectuales extranjeros apoyados por el CLC.

Glondys, que ha estudiado la revista financiada por el CLC, Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, resaltó el papel del diálogo para unir a hombres de ideas dispares en torno a un proyecto moderado de alternativa al franquismo. Entre los opositores al franquismo que obtuvieron becas del CLC encontramos figuras distintas como Dionisio Ridruejo y Enrique Tierno Galván. Fueron miembros del comité interior del CLC otros como Carlos María Bru, Pedro Laín Entralgo, Julio Caro Baroja, José María Castellet y José Luis Sampedro.

“El CLC nunca se asoció directamente con ningún grupo político en concreto”, explicó la investigadora, que reconoció también su interés por la dimensión humana en lo histórico: la gratitud, el contacto personal, la amistad… Los contactos personales y la colaboración creada por el CLC entre las élites intelectuales y académicas fueron claves para dar vida al proyecto estadounidense de atenuar los radicalismos en España y propiciar la instauración de un régimen democrático.

La financiación de la CIA

Arthur J. Schlesinger, citado por Glondys en su libro La Guerra Fría Cultural y el exilio republicano español, ha afirmado sobre el CLC que de todos los gastos de la CIA fue el que más mereció la pena y el que más éxito tuvo. Pero en 1967, después de que algunos medios estadounidenses dieran a conocer el origen de una parte significativa de la financiación del CLC, Michael Josselson dimitió. Varios directivos de la Fundación Ford tomaron, en palabras de Glondys, “la decisión personal de continuar la ofensiva” que llevaba a cabo el CLC, con otra denominación y, sobre todo, sin el uso de dinero de la CIA. Fue entonces cuando comenzó el declive de la institución.

Glondys defendió en el seminario una idea de Guerra Fría en movimiento, más allá de los bloques, dinámica, compleja, en la que los intelectuales también desempeñaron su papel, y no siempre a remolque de la financiación que pudieran obtener de entidades interesadas. Para la investigadora, fue un tiempo de pragmatismo a todos los niveles, también de los hombres de la cultura. En este sentido, Glondys destacó que, en ocasiones, los intereses encontrados, los distintos objetivos de los intelectuales, suscitaron problemas dentro del CLC.

Olga Glondys, especialista en el aspecto cultural de la Guerra Fría, ha sido investigadora en las universidades de Chicago, Stanford y Carlos III de Madrid. En su intervención subrayó la importancia  del trabajo de los historiadores en los archivos, así como el manejo de aparatos teóricos que abran la puerta a campos como el estudio de la Opinión Pública o los aspectos más encubiertos de la Guerra Fría. En la actualidad trabaja en un análisis de las actividades del Congreso para la Libertad de la Cultura. “Aún tenemos que contar muchas historias interesantes de la Guerra Fría”, sentenció Glondys.

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