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Jaume Aurell, Instituto Cultura y Sociedad. Profesor de Historia. Universidad de Navarra

La corona, el cetro y la simbología de las insignias reales

19/06/14 Publicado en Te Interesa.es

La corona y el cetro, dos de las principales insignias de la realeza, tendrán una presencia meramente protocolaria en la ceremonia de entronización de Felipe VI que tendrá lugar el próximo día 19. Su presencia será meramente pasiva, pues ni siquiera podrán ser asidos por la mano del rey o colocados ceremoniosamente sobre su cabeza. Uno puede ser más o menos monárquico, más o menos tradicional o nostálgico, pero perder la fascinación por los símbolos, la capacidad de comprender lo que está más allá de lo visible, es un empobrecimiento más real que el de la ruina material.

Estos días, mientras se debate la conveniencia de una mayor solemnidad en la ceremonia de la coronación de Felipe VI que tendrá lugar en unos días, me ha venido varias veces a la cabeza aquella sentencia que el Principito escuchó del zorro, y que posteriormente repitió varias veces para tratar de retenerla en su memoria: "Lo esencial es invisible a los ojos". Dominados por la obsesión por lo explícito, hemos perdido la fascinación por el misterio y la comprensión de los símbolos. Aprender a leer entre líneas, aventurarse a comprender lo simbólico, es algo que enriquece enormemente la capacidad de la imaginación, de la creatividad y del sano sentido crítico de la existencia.

Una vez leí de un historiador la imagen de que el poder es como el viento, no lo podemos ver, pero sentimos (y a veces sufrimos) su fuerza. Las ceremonias lo hacen visible, pero pronto desaparecen como la nieve que se derrite, por esto tenemos que prestarles la atención que se merecen, pues nos ayudan a hacer visible lo que es habitualmente invisible. La incapacidad de ver más allá de lo aparente es lo que quizás ha contribuido a un progresivo empobrecimiento de los ritos en los momentos esenciales de la vida humana.

Por este motivo, la ceremonia de entronización real es uno de estos momentos privilegiados en los que se puede recuperar el encanto por lo simbólico. Hemos superado desde luego en muchos campos al mundo medieval, pero estamos a años luz de su capacidad de comprensión de lo abstracto, de lo misterioso, de lo que es tan complejo que sólo se puede comprender a través de un símbolo, de una imagen, de un gesto, de un rito.

Hacia 1336, el cronista Ramon Muntaner, natural de la bella villa de Perelada, al narrar la coronación de su rey Alfonso IV de Aragón, explicaba el significado de los objetos con los que el rey fue investido: "La corona es redonda porque no tiene ni inicio ni fin, así como Dios todos poderoso, que no tiene comienzo ni fin. Por esto, se le pone al rey en la cabeza, no en la cintura ni en los pies, sino en la cabeza, donde está el entendimiento. Y el cetro significa la justicia que el rey debe tener sobre todas las cosas, que por este motivo el cetro es largo y extendido. Y con el cetro se castiga para que los malvados no se atrevan a hacer el mal, y los buenos sean todavía mejores. Y el pomo significa que, así como el rey tiene el pomo en su mano, puede regir y gobernar a su pueblo con verdad, justicia, y misericordia".

El cronista nos legó unas bellas palabras que nos enseñan a ver más allá de lo aparente y que son aplicables no solo al rey que ahora entrará en la vida de los españoles -y tendrá que ganarse día a día su confianza y aprecio- sino también para todos aquellos que tienen alguna responsabilidad de gobierno; bellas palabras que reflejan la sabiduría de saber entender más allá de lo que se ve a primera vista. Ojalá nos ayuden a comprender que el estrépito que causa pretender mostrarlo todo nos impide precisamente ver lo esencial de las cosas.