2. "¿Estudiar aquí?"
Sus viajes fueron unos cortos y otros largos. Los cortos empezaron cuando decidió estudiar en San Sebastián la carrera de Secretariado de Dirección en ISSA (Instituto Superior de Secretariado y Administración). Entre idas y vueltas semanales durante tres años, debió hacer casi trescientos viajes en “La Roncalesa”. Eso curte mucho, digo yo.
Desde lo alto de Aldapeta, ISSA “tiene unas vistas increíbles”, recordaba Mayte Ergui, como soñando, cuando le pregunté por sus primeras impresiones. “¿Estudiar aquí? Yo me pasaría horas y horas mirando, mirando…”. Desde la sala de estudio se contempla el inigualable panorama de Igueldo, Ondarreta, el Palacio de Miramar, la isla de Santa Clara, la Concha, el puerto pesquero, el monte Urgull, la inmensidad del mar. Quizás por eso alguna compañera le dijo un día que “era odiosa, porque sacaba los cursos estudiando sólo al final –recuerda con risas–; lo que pasa es que la carrera es de muchas prácticas y siendo constante la cosa sale bien, pero sí que le eché muchas horas al estudio de asignaturas como Derecho, Historia, Geografía económica, Economía, Corrientes de pensamiento…”. Además de no faltar nunca a clase, seguía cultivándose leyendo mucho.
Se acuerda con cariño de muchas de sus profesoras: de Marimi Suberviola, que le daba Contabilidad, Cálculo, Economía; Mari Carmen Aguado, la de taquigrafía, cuyo “look” les divertía mucho porque a su no muy avanzada edad lucía modelitos juveniles conjuntados con joyas de oro en invierno y plata en verano al tono de la ropa; María Prado y Beate Drees, las de alemán; la directora de estudios Magdalena Torres; la directora de ISSA, Charo Fernández, muy morena y muy navarra, seria y a la vez chistosa, profesora de Derecho. Recuerda a Pilartxo Busto, que les daba mecanografía y Correspondencia comercial, y la querían mucho porque era como una madre, muy tranquila, y cuando llegaban los exámenes y se ponían nerviosas les recomendaba tomarse un chocolate con churros, y les decía “si suspendéis os pondré un toldo en Ondarreta, seguís con la máquina de escribir y no pasa nada”. “Eran las Olivetti panzudas de toda la vida”, recuerda. “Es fácil acordarse de todas, porque las trescientas de los tres cursos estábamos en el mismo edificio, conocías a todo el mundo, te cruzabas en los pasillos a cualquier hora con las profesoras, te parabas, hablábamos. Aquello era muy familiar”.
Se reían mucho. De entonces se cuenta que a una le preguntaron ¿qué estudias? Respondió: ISSA. El otro dijo: No, no te pregunto cómo te llamas, sino qué estudias.
Aquellos viajes cortos Pamplona-San Sebastián en autobús no se le hicieron cuesta arriba. Iba muy a gusto. A pasarlo bien. Y mejor lo pasó en el viaje largo que las de ISSA y alumnas de la Escuela de Ingenieros hicieron a Alemania al terminar Primero. En Colonia dedicaron quince días al comercio exterior. Y le sirvió para adelantar en el idioma alemán. Mayte es capaz de pronunciar la palabra mittelstufenprüfung sin pestañear. Eso también le valió para ser “la mejor de España”…, aunque ella dice que habla, lee, escribe y traduce un alemán de nivel medio, entre otras cosas gracias a que lo trabajó en Alemania en un verano intensivo.
Tampoco en italiano puede exhibir un nivel alto –en francés e inglés, sí– pero le dio un empujoncillo en el segundo viaje largo que hizo con ISSA en 1991. “Fuimos a Italia, y tuvimos la suerte de que una compañera tenía un tío monseñor en el Vaticano y nos consiguió estar en una audiencia del Papa Juan Pablo II en la que presentó una encíclica”.
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