2. Experiencias
“Una experiencia es la importancia de tener relaciones y aprovechar las oportunidades”, dice. No niega la eficacia de los anuncios, las agencias de colocación y el envío del currículum, pero él no hizo nada de eso. El primer trabajo le llegó por uno de sus cuñados. En aquella pequeña empresa familiar dedicada a la fabricación de máquinas cortadoras, necesitaban una persona para organizar la producción. Él no sabía nada de eso, pero allá fue. “De la Escuela sales con un ritmo de trabajo muy fuerte”, me comentaba. Y el cuerpo le pedía más acción.
Un día acudió a la Escuela de Ingenieros para que el profesor de la especialidad en Organización le orientara, y al poco, Fernando Santos le llamó: “Tengo un amigo que necesita una persona”. Mikel fue a ORBINOX S. A., a Anoeta, le hicieron la entrevista y lo contrataron. Fabricaban válvulas de guillotina para canales, presas, saltos de agua, centrales, etc. Allí trabajó durante dos años como adjunto al director de Producción. Pero vio que no sabía nada de asuntos comerciales, de administración de empresas, y “al ingeniero le gusta curiosear”, me decía. Entonces se matriculó en un máster a distancia en Dirección de Empresas. “Fue un descubrimiento, ¡esto es bonito!; la parte humana, la gestión me gustó; bueno, ahora a los alumnos de la Escuela ya se les prepara para estos campos, tienen asignaturas de Recursos Humanos, Gestión y demás”.
“Mi padre me vio en casa estudiando con un casete del máster y me dijo ¿por qué no haces el IESE? Yo pongo la mitad. Inmediatamente envié la solicitud, me admitieron y marché a Barcelona para cursar el MBA. El primer trimestre de 1990 fue más duro que cualquier momento de la carrera. Una dinámica desacostumbrada. El método del caso, para los del Norte, con menos facilidad de palabra, es un tormento. En la exposición de lo trabajado, los ingenieros estábamos en inferioridad de condiciones frente a los que venían de Derecho. Pero todo salió bien. Una experiencia muy recomendable”.
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