2. Valores comunes con los chinos
Ella en la capital de Taiwan y él en la capital catalana abrieron otra etapa de dos años de fax, teléfono y viajes: “nos encontramos en NuevaYork, en Toronto y en Viena. Ella ya conocía a mis padres y yo viajé a Taipei para conocer a los suyos. Llegó un momento en que vimos claro que queríamos casarnos”.
Por fin el 16 de julio de 1999, la familia taiwanesa, la andaluza y muchos amigos de los dos se reunieron en la boda, en Sevilla. ¡Qué maravilla! “Teníamos un montón de amigos comunes. Philina tenía amigas de Harvard, que conocían a amigos míos de Pamplona, del Colegio Mayor Belagua donde estuve viviendo durante la carrera, que habían hecho másters en Harvard, en el IESE de Barcelona, o que se habían conocido esquiando…”.
“Igual que los chinos –me decía– creemos mucho en la educación. Eso de buscar la mejor educación nos lo inculcaron en casa. Pedí la admisión en varias universidades, podía haber estudiado más cerca pero quería ir a la mejor, y elegí donde podía tener la mejor formación, la Universidad de Navarra. Sólo por lo que habíamos oído de ella, por su prestigio, cruzamos España y a Pamplona, donde no conocíamos a nadie. Me daba un poco de miedo. Será más difícil, son más exigentes, pensaba. Hice los exámenes previos en Medicina y en Farmacia, y me admitieron en las dos. Al final me decidí por Farmacia porque tiene una faceta industrial, empresarial, de negocio, y se me daban bien los números. Iba asustado, pero ya que había sido admitido tenía que aprovechar la oportunidad”.
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