1. Un noviazgo a distancia
“Debo mucho a la Universidad de Navarra –dice encantado–, la conocí gracias a la Universidad. En aquellos cuatro meses hablamos, teníamos que conocernos, porque a lo mejor… Y yo tenía que volverme a España. La verdad es que los dos lo veíamos difícil, pero teníamos que intentarlo”.
Cuando acabó el intercambio con Columbia, Manolo regresó a Barcelona para terminar el MBA. Philina lo acabó en las mismas fechas, en junio del 92. Poco después Manolo empezó a trabajar en el Grupo Farmacéutico Almirall, en Barcelona, y ella siguió en Nueva York. Durante ese tiempo hablaron mucho por teléfono, y Philina viajó varias veces a Barcelona. Al año siguiente, en febrero del 93, se trasladó a Barcelona, ciudad que en las Olimpiadas del 92 le había llamado la atención por su arquitectura. “Fue una oportunidad para hablar mucho y conocernos más –comenta Manolo–, pero ella se fue a su casa, a Taipei. Una posible boda estaba todavía en el alero… Pensábamos que éramos muy diferentes, y eso complicaba la cuestión”.
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