2. Con gente estupenda
Y de aquellos tres años de estudiante guarda “un recuerdo buenísimo”. Añadía: “Coincidí con gente estupenda”. Y cita muchos nombres.
“Estudiaba lo que quería y me gustaba. Estaba cada vez más encantada. Fue una época muy buena, con los agobios de los exámenes, claro, pero con experiencias que quedan, como el viaje a Roma con UNIV”. (Se ríe al hablar de un colegio donde dormían en su “proprioletto”).
Diplomada en 1988, Ana trabajó durante seis años en la CUN (Clínica Universitaria de Navarra), en el Servicio de Medicina Interna, con el doctor Prieto y el doctor Lucas. A los dos años, María Ángeles Sánchez y Charo Serrano con otras, promovieron las “historias clínicas de enfermería” –me explica– para organizar mejor y planificar su trabajo, en las que se describe y se detalla cómo está y qué cuidados necesita cada paciente, a diferencia de la historia clínica del médico, donde se diagnostica y se dice qué se debe hacer.
En 1991 hizo un Curso de enfermería oncológica, atendió a esos pacientes, y por su buen hacer empezó a dar clases de Geriatría en la Escuela Universitaria de Enfermería. “Esto de Pamplona es todo docencia, una labor preciosa: las alumnas aprenden en las clases y en las prácticas, las mayores enseñan a las nuevas, los médicos les enseñan… La CUN es una docencia continua”.
En el 93 hizo un Curso de introducción a la investigación organizado por la Escuela de Enfermería. “Se promocionaba la investigación, necesaria para avanzar en el día a día, para nuestro trabajo y para las tesis doctorales”, aclara.
–¿De quién aprendiste más?, le pregunté.
No lo duda ni un segundo:
–Del enfermo y de su familia. Y de mis propias compañeras. Y de Josefina Antonio, que llevaba mucho tiempo en la CUN, veintimuchos años.
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