1. Idiomas y amigos
No pasó ningún mes de julio en San Sebastián. A los 13 años empezó a practicar el inglés en Dublín, viviendo con una familia; al año siguiente fue a Toulouse, “a un hotelito de montaña –me cuenta– donde las únicas españolas éramos dos, de modo que hablaba en francés, y con ese grupo de francesas fuimos al año siguiente a Viena; luego se fue varios veranos a Estados Unidos incluso cuando ya estudiaba en la Universidad–, estuve en Chicago, con los Foster, una familia muy generosa, con hijos de todas las edades, que se volcaron para que me divirtiera y aprendiera, y me enseñaban un día a jugar al béisbol, otro hacíamos camping… En esos veranos, además de aprender idiomas, conocí otras mentalidades, otras culturas con valores muy buenos, que abren la mente y ayudan a moverse en distintos ambientes.
Le pregunté por qué escogió Pamplona y me explicó: “Dudé entre Madrid y Pamplona, pero pensé que para ir a Madrid, con toda una vida por delante tendría muchas oportunidades, en cambio a Pamplona sólo iría para estudiar: como mi hermana mayor –somos tres–, que estudiaba Biológicas, aunque ella se ha quedado en Pamplona; y como mi hermano pequeño que este año ha empezado, Económicas; y la oportunidad ha llegado: estoy en Madrid encantada con mi trabajo en Garrigues”.
|